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Más de siete años de prisión por maltratar e insultar a su ex mujer

El Juzgado de lo Penal número Uno de Santa Cruz de Tenerife ha dictado una sentencia en un caso de maltrato, lesiones y amenazas de un hombre hacia su ex compañera, que se prolongaron durante más de un año y han dejado secuelas psicológicas y físicas a la víctima.

EL DÍA, S/C de Tenerife
5/ene/02 9:32 AM
Edición impresa

El Juzgado de lo Penal número Uno de la Capital tinerfeña ha condenado a un hombre que sometió a malos tratos a su mujer, de la que hoy está separado, durante más de un año, siendo sentenciado como autor de un delito de malos tratos (a una pena de 21 meses de prisión y prohibición de acudir al lugar donde reside la víctima y su familia por un periodo de cinco años), por dos faltas de vejaciones injustas (la pena de 20 días de multa con cuota diaria de 500 pesetas por cada una de ellas), por una falta de lesiones (una pena de seis fines de semana de arresto a cumplir en el Centro Penitenciario), por dos delitos de lesiones (a sendas penas de 21 meses de prisión por cada uno de ellos), por un delito continuado de amenazas no condicionadas (una pena de dos años de prisión). Asimismo deberá indemnizar a la víctima con 12.020,24 euros (dos millones de pesetas) más los intereses legales.

Según consta en la sentencia facilitada a EL DÍA, el acusado, guiado por el ánimo de menoscabar la integridad física y moral de su esposa, durante el tiempo que duró su convivencia y aún rota ésta y con total desprecio de la dignidad de la misma realizó los siguientes hechos: "sobre las once horas del día 20 de octubre de 1998, insultó a su esposa y le propinó dos tortazos en la cara a consecuencia de los cuales sufrió contusión y hematoma en el ojo izquierdo y erosión en la mano derecha. Posteriormente, sobre las ocho y media de la noche, del mismo día, volvió a golpearla causándole un hematoma con erosión en borde cubital de la muñeca izquierda, una contractura muscular a nivel cervical y paravertebral".

Por la ventana

El relato de los hechos prosigue con que "sobre las diez de la noche, del día 24 de febrero de 1999, se introdujo en la vivienda de la víctima, de la cual ya estaba separado de hecho, y profirió contra ellas frases de amenazas graves mientras la agredía brutalmente, dándole patadas y puñetazos, la cogía fuertemente por el cuello y apretaba. La agresión cesó al acudir dos vecinas. A consecuencia de la agresión la víctima sufrió heridas de las que tardó en curar 40 días, colocándose una férula en un dedo.

Asimismo, "sobre la una y media del día 10 de abril de 1999, el acusado entra nuevamente en el domicilio de su ex mujer por una ventana y volvió a insultarla gravemente al tiempo que le propinaba golpes con las manos de los que tardó en curar ocho días y le quedó como secuela una cicatriz de seis centímetros en el antebrazo derecho".

Prosigue el texto legal diciendo que con fecha 23 de noviembre de 1998 un juzgado de Instrucción de La Laguna dictó el sobreseimiento provisional de una de las denuncias. El Juzgado de Instrucción número Uno de La Laguna condenó al acusado como autor de una falta de lesiones a un mes de multa a indemnizar a la víctima en 12 mil pesetas porque el inculpado le propinó a ésta un puñetazo en la cabeza y le tiró del pelo, sufriendo traumatismo cervical. También otro juzgado le condenó por otro hecho similar.

No tiene sentimiento de culpa

Según se recoge en la citada sentencia , "los hechos son constitutivos de delito y la jurisprudencia tiene la finalidad de proteger a las personas físicamente más débiles frente a las presiones de los miembros más fuertes de la familia, protegiendo, en definitiva, la dignidad de la persona en el seno de la familia y concretamente, su derecho a no ser sometida a trato inhumano degradante alguno".

En una de las partes de la sentencia se dice que "las anteriores condenas en juicios de faltas no provocaron ningún sentimiento de culpa o arrepentimiento en el acusado y no sirvieron en modo alguno para su reinserción social y familiar, sino que las agresiones fueron más brutales aún si cabe".

Resulta evidente - prosigue el texto legal - no sólo por el reconocimiento de los hechos por parte del acusado, sino por la dramática declaración de la víctima que éste y no otro, era el clima y la atmósfera en la que vivió el tiempo que duró la convivencia.