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JUAN MARRERO GONZÁLEZ

Mi regalo de Reyes


5/ene/02 19:31 PM
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EN LA NOCHE DE cada 5 de enero, los Santos Reyes siempre me traen el agridulce regalo del recuerdo de la patriarcal figura de mi abuelo bendiciendo la nutrida reunión familiar de la cena en común, y dirigiendo luego a toda la familia allí congregada un largo discurso detenida y profundamente redactado. Porque para él, viejo filósofo de la vida, guardador de las sanas y viejas costumbres castellanas, amante del compartido calor hogareño... pero en el fondo espíritu vitalista construido sobre un sereno optimismo, más que en Navidad o en la Noche Vieja, era en la noche de la esperanzada ilusión infantil de Reyes el momento idóneo para repasar las vivencias familiares del año transcurrido y de plantar las más atrevidas y a la vez sensatas ilusiones para el que se acababa de iniciar. En la sobremesa todos esperábamos el consabido discurso del abuelo: una esmerada pieza de oratoria que, aludiendo a cada uno de todos los presentes, en los éxitos y fracasos tenidos durante el último año, en las penas y alegrías... nos aconsejaba en los mejores proyectos hacia más altas metas en el año venidero; discursos altamente emotivos, rebosantes de amor paternal que frecuentemente nos hacían llorar. Ahora me río, a veces decíamos: "Este año el abuelo estuvo mejor que el pasado año, porque hemos llorado más".
Mi abuelo amaba con inusitada pasión la Festividad de los Reyes, sus bellas leyendas y tradiciones... Ignoro justamente la causa, mas imagino que muy entrañables recuerdos le traería de su lejana niñez. Y no admitía que nadie de la familia dejase de poner su zapato, ni su confiada ilusión en las promesas del mañana; hasta al pobre chucho él mismo le ponía un calcetinito de estambre donde al día siguiente encontraría una suculenta pata de pollo o algo similar que le hiciese feliz.
Este año, una vez más, mientras contemplo los zapatos de mis nietos junto a la puerta del vestíbulo, o cuando al día siguiente les oigo corretear por el pasillo las alegrías de sus juguetes... con el regalo del recuerdo de mi abuelo me siento espiritualmente, infantilmente diría, satisfecho y regresado a mi feliz inolvidable niñez.
JUAN MARRERO GONZÁLEZ