Tenerife

Canarias, en el euro y en la encrucijada de la UE del mañana


6/ene/02 11:59 AM
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EN TENERIFE, en las Siete Islas emprendemos, en este recién alumbrado 2002, una trascendente andadura histórica. Sin precedentes. No sólo porque el Reino de España preside el Consejo de la Unión Europea durante el primer semestre, que también. Sino, además, en función de que algunos acuerdos inminentes de los "Quince" esbozarán, con toda probabilidad, el porvenir de nuestra Comunidad Atlántica. Como lo condicionarían, llegado el caso, las carencias de consensos. O los desvíos institucionales.

Y en una encrucijada de tal naturaleza ha de ser decisivo el peso de las realidades humanas, sociales, económicas, geoestratégicas. De la autenticidad, asimismo política, que ha de impregnar los compromisos, las actitudes, las autorías de los estudios técnicos, el empuje negociador, la habilidad persuasiva... de cuantos rigen e integran las Comisarías, los Ministerios, las Consejerías, los Gobiernos y Parlamentos en los ámbitos comunitario, estatal y autonómico.

Estamos, en definitiva, ante la necesidad de una conjunción de esfuerzos extraordinarios. En la que nadie debe imponer su monólogo. Ni acomplejarse con fatalismos o ataduras seculares. Ni permitir los exclusivos tejemanejes de los poderes oligárquicos. Ni jugar al escondite entre cortinas de humo inhibitorio. Ni tampoco lanzar campanas triunfalistas al vuelo electorero y antes de tiempo. Cuidado, pues, con los alardes de facundia irrefrenable y de abandonos o negligencias irresponsables.

CON LA MISMA MADUREZ y normalidad con que se comporta la ciudadanía en asimilar el manejo de la nueva moneda, tendrían que actuar nuestros negociadores. En el mayor desarrollo del artículo 299.2 del Tratado de Amsterdam. En la mejor concreción del Estatuto Especial para las Regiones Ultraperiféricas. En los reglamentos del POSEICAN agrícola. En el abanico de exenciones aduaneras y fiscales. En tantas medidas peculiares, cíclicamente aireadas, pregonadas por doquier y aún sin concretar.

Romano Prodi, que es el titular de la Comisión Europea, anunció, allá por octubre último, que el "Supergobierno" de su presidencia facilitaría, a principios de este euroaño, un informe sobre los Archipiélagos de la Unión. Nada menos que "el diagnóstico objetivo" de los retrasos de desarrollo causados por la insularidad, de los obstáculos que les impiden beneficiarse plenamente del mercado único a las empresas isleñas y de los estímulos compensatorios, los ya arbitrados y los pendientes de poner en marcha por los Estados y la UE.

Confiemos en que ése sea un correcto instrumento descriptivo y de partida. ¿Suficiente para nuestras Siete Islas? Porque Canarias, además de Archipiélago, también es territorio alejado y frontera sur, oceánica, de la Unión. Con lo que todo ello implica y ha de significar.

CON MOTIVO DEL CAMBIO monetario, el secretario de Estado de Comercio y Turismo ha declarado en un colega grancanario que el euro "potenciará la convergencia real de los canarios, respecto a las regiones comunitarias". No discutimos ¿la premonición? de Juan Costa. Sin embargo, no omitamos que Canarias fue la única Comunidad Autónoma que no sólo no contribuyó a la convergencia de la renta media del país, entre 1980 y 1995, sino que perdió 2,1 puntos de la productividad de sus empleados en el periodo de esos quince años, según el análisis publicado por la Fundación de Cajas de Ahorros.

¿Por qué no trasladar trabajos de parecida índole a los foros y reuniones que van a celebrarse en la Península y en las Islas antes del 30 de junio? Nos referimos a descriptores, alusivos igualmente a la injusta distribución de la riqueza aquí generada, a la tasa de pobreza severa, a la abulia en la exigencia de la obligatoriedad de servicio público en las comunicaciones aéreas, etc., que evidencian nuestra verdadera ubicación sociológica comunitaria.

POR LO DEMÁS, si solicitamos la pertinente atención de los otros 14 Estados miembros de la Europa Comunitaria, la requerimos antes y en superior rango del Gabinete Aznar y del Gobierno Autónomo. Sean consecuentes y serios en las respectivas competencias y conjuguen el verbo armonizar, sin herir a la inteligencia y al bien común isleño, que es el interés general español y europeo.

Y, por favor, aparquen de una vez las boberías, los derroches y los desquiciamientos. Ni la mayor seguridad del ciudadano la traerá la Policía Autonómica, ni la solución al flujo de los "sin papeles" saldrá de enfrentamientos interinsulares. La UE del mañana, ampliada, ha de barrer los pleitos decimonónicos.