Internacional
JESÚS LÓPEZ MEDEL

El terror (ismo) y la pérdida del temor (de Dios)


10/ene/02 19:39 PM
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AUNQUE HA PASADO tiempo, cada uno de nosotros, de manera personal, puede recordar la impresión e impacto del día 11 de septiembre de 2001. Aunque soy fácil para la glosa y el rápido comentario, en esta ocasión, pese a leer tantas cosas, oír tantas conferencias de expertos, militares, financieros, teólogos, economistas, mitólogos, etc., no he encontrado todavía ese momento clave para "digerir" aquel fenómeno. No ya para analizar las múltiples ideas y respuestas. Ha faltado esa "doctrina clásica del Derecho Natural y de Gentes", ya iluminada por San Agustín, que permitió dar luz serena al Descubrimiento y Conquista del Nuevo Mundo, en 1492, como acontecimiento ex novo, de magnitudes problemáticas impensables. Brota la confrontación y conflicto flagrante-alevoso, sobre "guerra justa" o pena de muerte. Los Estados Unidos, que habían proscrito un Tribunal Penal Internacional, quieren - en cuatro días - , "tribunales penales militares"... Se venden en cuatro meses más libros del Corán y biblias que en diez años. De la tolerancia a la intolerancia. Los agnósticos-ateos-no creyentes presenta su "guerra santa particular"... Los efectos, las reacciones, el ponerse todo peor, para que se pueda poner bien, en una autodefensa ante tantas pérdidas humanas y materiales, han permitido a muchos sostener que algo - desde el 11-S - , tiene que cambiara. Había pies de barro. No hay explicaciones técnico-estratégicas, ni antropológicas suficientes, para que las Torres Gemelas de la ciudad de Nueva York, símbolo emblemático de aquellas otras bíblicas de Babel, quedarán derrumbadas en pocos minutos. ¿Algo falla? Algo puede seguir fallando. Precisamente porque, como el Papa venía pre-anunciando, la Paz es el don más sagrado que viene de Dios. Aunque la hagamos los hombres, en la Humanidad.
Volver a preguntarse, cómo ha podido suceder el 11-S, en su esencia y cómo se ven las reacciones posteriores - sin caer en lo meticuloso - es algo digno de reflexionar para construir el futuro. Nosotros lo resusmiríamos en el título de esta nota.
El terror(ismo) brota esencialmente porque se ha perdido el temor (de Dios). Habrá muchas clases de terrorismo, pero en el fondo de lo humano, se predispone más en tanto en cuanto hay un des-orden moral, que es lo que fuerza a salir fuera de sí, por talante, o por falta de orientación moral: la paz es la tranquilidad en el orden, en expresión de Santo Tomás (v. la obra de Lino Accione, "La vitta humana", Milán 2000), con explicaciones a la fenomenología trágica de nuestro tiempo).Hay en Bet Gemal de Israel dos monasterios de monjes o monjas, quizá de la orden más joven, fundada en Francia con ocasión del dogma de la Inmaculada Concepción y que tiene su representación en España en el Monasterio de Villanueva Sijena (Huesca), de Belén, de la Asunción y de San Bruno. Han vivido y viven allí, de cerca, la lucha entre los hijos de Abraham. Junto a su soledad, contemplación, sacrificio, el riesgo de la guerra. El patriarca Michel Sabbah llama a las ovejas de su rebaño, precisametne, a una conversión radical, sin la cual, no habrá esperanza de paz. Y les dice:
"Los efectos del terrorismo pueden manifestarse a lo lejos, pero sus raíces están en nosotros. Es inútil combatir a lo lejos si no se tiene el valor de arrancar de raíz las causas que están en nuestras conciencias, o en nuestras estructuras sociales. El terrorismo vencido de lejos, volverá a renacer si las causas que lo producen, que están en nosotros, no son cambiadas". Y añadimos nosotros, si se pierde el temor, el temor de Dios; ese Dios que, como al final de sus días, por cuenta nuestra, apelaría Ortega, está "a la vista", porque es Esperanza. Es Amor.
JESÚS LÓPEZ MEDEL