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Canarias: un pasillo sín salida

Los atentados del 11 de septiembre han puesto más distancia entre las Islas y el continente europeo. Mientras que las costas andaluzas siguen siendo lugar de paso para los inmigrantes clandestinos, las Islas suponen hoy una trampa insalvable para muchos.

EL DÍA, S/C de Tenerife
13/ene/02 19:44 PM
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El fenómeno de la inmigración irregular, aún relativamente reciente en Canarias, no ha dejado de estar de actualidad desde que la primera patera llegara a las costas isleñas procedente del continente africano.

Una vez que las frágiles embarcaciones comenzaron a contarse por docenas, no sólo acrecentaron la preocupación ciudadana por las penosas condiciones en que solían llegar sus tripulantes, sino que pusieron en evidencia unos mecanismos institucionales y de ayuda humanitaria casi inexistentes hasta entonces en el Archipiélago.

Con el paso del tiempo, los habitantes de Fuerteventura y Lanzarote casi han dado por sentado que la llegada del buen tiempo no sólo les seguirá trayendo turistas, sino también inmigrantes que aprovechan la bonanza del mar para atravesar las pocas millas que les separan de su sueño europeo. Mientras tanto, el fenómeno sigue percibiéndose como un problema a atajar y no como una consecuencia más de la globalización, tal como desearía la mayoría de las organizaciones humanitarias.

De cualquier modo, cada cierto tiempo la inmigración vuelve a copar las principales páginas de los periódicos y los mejores minutos en los informativos. Esta misma semana, ha vuelto por un cruce de declaraciones entre los ayuntamientos de Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria con respecto a quién debe hacerse cargo de los inmigrantes - en su mayoría africanos - esparcidos por las calles de ambas capitales.

Para debatir sobre lo que cabe entender por solidaridad y hasta qué punto Canarias puede serlo sin poner en peligro sus propias estructuras sociales y culturales, EL DÍA invitó esta semana a cuatro personas con conocimiento de primera mano sobre esta problemática: Antonio Gil, director general de Asuntos Sociales del Gobierno de Canarias; Maribel Oñate, delegada del Ministerio de Trabajo en la provincia tinerfeña; Vicente Zapata, doctor en Geografía Humana y director del Observatorio de la Inmigración de Tenerife (Obiten), y Jesús Alberto González, director de Cáritas Tenerife.

Sobre la polémica generada esta última semana, Antonio Gil optó por salir en defensa de la concejala de Asuntos Sociales del Ayuntamiento santacrucero, Rosario Pino, a quien no sólo exculpó de las acusaciones de xenofobia vertidas contra ella desde el Ayuntamiento de Las Palmas, sino que resaltó su predisposición para encontrar un solar en la Capital tinerfeña donde construir un centro de acogida temporal de inmigrantes que haga frente a la actual demanda.

Conciencia ciudadana

No obstante, tanto el director general de Asuntos Sociales como el resto de los invitados incidieron en la necesidad de convencer a la ciudadanía de que los centros de primera atención no suponen un foco de atracción de inmigrantes, sino "una infraestructura absolutamente necesaria para hacer frente a una problemática que de otro modo podría llegar a ser insostenible".

Para los contertulios, los problemas asociados con la inmigración irregular que llega a las Islas son difícilmente comparables con los de otras partes del país. Todos ellos coincidieron en que la mayoría de los recién llegados a las Islas lo hace pensando en que sólo serán lugar de paso en su singladura hacia el continente europeo.

Control más intenso

Sin embargo, según explicaron Antonio Gil y Vicente Zapata, "mientras que los inmigrantes que arriban a las costas andaluzas pueden tardar tan sólo unas horas en llegar a la otra punta del país si se lo proponen, no disponer de documentación para hacerse con un billete aéreo - más si cabe tras la intensificación de los controles en los aeropuertos después de los atentados del 11-S - se convierte en un obstáculo infranqueable que les obliga a permanecer en las Islas".

Ello ha provocado que, según se reseñó durante el debate, "Canarias se haya convertido en un pasillo cuya puerta de salida permanece prácticamente cerrada".

Así las cosas, Antonio Gil insistió en la necesidad de que "el Gobierno Central demuestre una mayor comprensión de las especiales condiciones que definen al Archipiélago", así como en la demanda de más medios para la primera acogida de estas personas.

Actualmente, según explicó el representante de Cáritas, los centros tinerfeños de acogida temporal de inmigrantes - uno en Santa Cruz, con capacidad para 16 personas, y otros dos más pequeños, en Granadilla y Los Cristianos, respectivamente - están absolutamente desbordados, por lo que esta organización humanitaria está empleando recursos pensados en principio para otros fines.

Durante los últimos meses, se ha venido insistiendo desde muy diversas instituciones de la Isla en la necesidad de que el Gobierno Central acometa la construcción de una red nacional de centros de acogida que permita repartir la presión asistencial entre las diferentes regiones, de forma que no llegue a convertirse en un foco de tensión en ninguna de ellas.

Centros pendientes

Sin embargo, en Canarias, donde el Estado tiene previsto poner en marcha cuatro centros de internamiento - en Gran Canaria, Tenerife, Lanzarote y Fuerteventura, respectivamente - y dos grandes centros de estancia temporal de inmigrantes (CETI) - uno en cada isla capitalina - , aún no se conoce siquiera el emplazamiento definitivo de cada uno de ellos.

Mientras tanto, la mezcla de inquietud y de solidaridad que se respira entre la ciudadanía ha abocado a un enfrentamiento entre Marcial Morales y Enrique Fernández-Miranda - cabezas visibles de ambos Gobiernos - que ninguno de los dos esconde desde hace meses.

Maribel Oñate aún reconociendo que los medios deben ser mejorados, no está de acuerdo en que la responsabilidad de que los centros no se hayan construido sea únicamente del Ejecutivo Central, ni de que haya hecho dejación de responsabilidades.

"Por primera vez hay un secretario de Estado con rango de ministro y un observatorio permanente para la inmigración, además de una evidente mejora en la atención administrativa de estas personas", dijo.

Además, la delegada del Ministerio de Trabajo se quejó de que el Gobierno de Canarias tache de descoordinación al Estado, "cuando en la Oficina de Extranjería ni siquiera disponemos de un triste folleto que dar a los inmigrantes para informarles de los recursos que tiene la Consejería de Asuntos Sociales o los diferentes ayuntamientos".

En cambio, tanto Vicente Zapata como Jesús Alberto González hicieron hincapié en que las claves para que la situación se vaya normalizando está en que se deje de ver al inmigrante como un problema potencial desde el primer momento y sin dar posibilidad alguna a su adaptación.

De otro lado, ambos abogaron porque esta problemática se aborde con una visión más amplia del fenómeno.

Global y diferenciada

Vicente Zapata, por ejemplo, aludió a que la inmigración que llega a bordo de las pateras, a pesar de no ser precisamente la más numerosa, sigue siendo la que más preocupa a los ciudadanos. "En cambio, poco se habla de otros tipos de inmigración que, como la europea o la sudamericana llegan a las Islas con la idea de quedarse y cuyas necesidades de acogida, no por ser bien distintas, dejan de ser importantes".

Asimismo, se refirió a que "estamos en el momento oportuno para iniciar un verdadero debate social sobre la inmigración en el que se aborde en toda su amplitud, englobando todas sus manifestaciones, desde la de los descendientes de canarios que regresan a la tierra de sus padres y abuelos, hasta la del inmigrante africano cuya adaptación se hace más difícil y que recurre a las Islas como puente hacia Europa.

Vicente Zapata llamó, además, a la responsabilidad de los medios de comunicación, a los que culpó de "dar un tinte alarmista y distorsionado" del fenómeno migratorio resaltando noticias relacionadas con la llegada de pateras y no tanto aquellas que tienen que ver con los aspectos enriquecedores que también traen consigo.

Por su parte, el director de Cáritas Diocesanas lamentó que las organizaciones humanitarias "se sientan en soledad cuando se enfrentan a una problemática cuyas respuestas, no sólo no deben agotarse en el ámbito de la Comunidad Autónoma, sino que exigen un tratamiento más sereno y libre de enfrentamientos entre islas o regiones".

Jesús Alberto González resaltó, además, la necesidad de abrir más centros de atención inmediata en todo el país, pero también mejorar las acciones que procuren una mejor adaptación a los recién llegados. Por todo ello, en su opinión, "sólo con una educación multicultural podrá lograrse que el inmigrante deje de ser percibido como una amenaza".