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FERNANDO ABREU *

Grandes Lagos: un volcán que no se apaga


30/ene/02 20:21 PM
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OTRO VOLCÁN HA ENTRADO en erupción en la República Centroafricana de el Congo, obligando a miles de seres humanos a huir de nuevo de sus hogares. El 40% de la ciudad de Goma se encuentra cubierta por la lava, unas 100.000 personas se han quedado sin vivienda y la red de abastecimiento de agua potable ha sido seriamente dañada. Las ONGs y las organizaciones humanitarias que se encontraban desde hace tiempo trabajando en la región, han tenido estas semanas que redoblar esfuerzos, estrategia e imaginación a fin de repartir convenientemente los recursos limitados con los que cuentan.

Esta catástrofe geológica, de consecuencias aún impredecibles, ha devuelto tímidamente la mirada informativa a la zona, pudiendo comprobar de primera mano cómo, tras varios años de guerra, aún se encuentra en actividad el drama humano. Así, a la situación actual hay que sumarle dos millones y medio de muertos en los últimos cuatro años, dos millones de personas desplazadas, tres millones y medio de niños sin acceso a la educación formal y una mortalidad infantil que ronda el 20%.

Muchas de las personas que seguimos los acontecimientos del 94 y del 96, habíamos dado por concluido el gran genocidio cuando Joseph Kabila tomó la ciudad de Kinshasa y rebautizó a el Zaire como República Democrática del Congo. Nombres como los Tutsi y los Hutus nos arrancaron durante meses juicios acelerados, buscando algún responsable de tal masacre. El argumento de las luchas tribales entre etnias pareció ser el más aceptado entre la opinión pública; de nuevo, la ciudadanía del continente africano quedaba en entredicho por el salvajismo y la barbarie, justificando su manifiesta incapacidad para convivir en paz y aspirar a mejorar su calidad de vida sin tutela extranjera.

Hoy nos damos cuenta de que la realidad es bien distinta. El afán por apropiarse de las riquezas naturales del país más grande del continente africano ha fragmentado su mapa político, social y económico. El gobierno de Joseph Kabila, apoyado por el de Edoardo Dos Santos (Angola) y Robert Mugabe (Zunbawe) ocupan la mitad Oeste del país, mientras que la mitad Este está actualmente bajo el control de las milicias rebeldes y las tropas de Ruanda y Uganda. Estas alianzas se sustentan en el derecho de explotación del oro, diamantes, coltán, madera y otras materias primas presentes en los territorios ocupados. Otra vez nos encontramos con la eterna paradoja a la que se ven sometidos la mayor parte de los países del Sur de nuestro planeta: "cuanta mayor riqueza alberguen en su territorio, mayores son los índices de pobreza y conflictividad interna".

Pero quién o quiénes se encuentran detrás de semejante expolio: ¿los gobiernos implicados en el litigio? ¿Las multinacionales extranjeras que controlan la cadena de exportación? ¿Los gobiernos de Occidente que se enriquecen con la venta de armamento y que multiplican los efectos devastadores de la guerra?

A la luz de los hechos una cosa debiera quedarnos clara: sean cuales sean los verdugos, las víctimas son siempre las mismas, y tanto sufrimiento merece al menos una respuesta veraz y solidaria que le devuelva de una vez por todas, la dignidad y el futuro al pueblo africano.

* Responsable del Área de Cooperación Internacional de Cáritas Diocesana de Tenerife

FERNANDO ABREU *