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LA MIRADA PERPLEJA RODRIGO FIDEL RODRÍGUEZ BORGES

La infamia, siempre


1/feb/02 20:52
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EL OTRO DÍA VOLVÍ a ver en la tele "Cámara sellada", una de esas entretenidas producciones del género judicial en la que el siempre solvente Gene Hackman encarna a un ultraderechista condenado a muerte por la colocación de una bomba que acabó con la vida de dos niños. Para rizar el rizo y complementar la trama judicial con el interés humano, el abogado de Hackman resulta ser un nieto con el que apenas ha tenido relación. La película, eficaz y entretenida sin más, no elude mostrar algunos de los aspectos más sórdidos y repulsivos del sistema judicial norteamericano. Lejos de seguir la vieja recomendación humanitaria de odiar el delito y compadecer al delincuente, la idea de justicia que manejan los norteamericanos responde al más inmisericorde espíritu calvinista. Refinado hasta el sadismo, el trato que reciben los condenados a muerte repugna a cualquier individuo sensible: juicios que no siempre respetan todas las garantías procesales, condenas sujetas a negociación con la fiscalía, sucesivos aplazamientos y apelaciones que pueden prolongar la estancia del recluso en el corredor de la muerte durante 10, 12 ó 15 años, sospechosa predilección por los negros y los hispanos a la hora de dictar sentencias de muerte y gobernadores con la facultad de suspender la ejecución, pero más prestos a atender a las encuestas de opinión que a los argumentos procesales. Nada digamos tampoco de la repugnante parafernalia que acompaña las ejecuciones: condenados vestidos con monos de color naranja, cargados de grilletes que no los dejan caminar, la elección del último menú, el reloj, el teléfono (por si llama el gobernador en el último momento) y los espectadores asistentes en directo. Con estos antecedentes a nadie debe extrañar el trato que los prisioneros afganos reciben en Guantánamo: ojos, boca y oídos tapados, esposas y grilletes y celdas a la intemperie. Si quiero recordar una infancia semejante tengo que acordarme del trato que precisamente los talibanes daban a sus prisioneros o el circo lamentable que montó Fujimori cuando detuvo a Abimael Guzmán, el líder de Sendero Luminoso, y lo exhibió en una jaula vestido con un uniforme carcelario de rayas. Se suponía que nosotros representábamos la democracia y el humanismo y redujimos aquel país a cascotes en nombre de la libertad duradera. Digo yo que tendría que notarse alguna diferencia (en estos tiempos de confusión ya ni siquiera sé si soy de los nuestros).

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