LO ENCONTRÉ AYER por la tarde, mientras podaba una enredadera que había tumbado el torpe viento del Este, que tiene contaminada la atmósfera con un filtro de tierra. Lo encontré ayer por la tarde, escondido entre un "torabora" de tallos y espinas. Toulouse me echaba una pata en la limpieza del jardín (al fin me he decidido a alquilarle el terreno a sus colegas los prestamistas) y escarbando con sus afiladas uñas de minero felino salió a relucir la apaisada barba del moro, como la tupida raíz de un tubérculo integrista. Llevo algunos meses que no afilo la guadaña y el jardín se estaba convirtiendo en un foco de infección vegetal entre tanta pulcritud de asfalto y cemento.
Alguien me dijo una vez que lo más importante de Laden era su barba, esa "horripilosa" mata de pelos cultivada en Oxford y repujada de canas durante su largo retiro a los desiertos afganos. Y, efectivamente, el tal Bin Laden no es más que un hombre a una barba pegado, todo él es barba, un talibán que oculta su educación occidental tras un nevado "burka" capilar. Yo no sé qué pinta Bin Laden en mi jardín ni cómo diablos ha llegado a parar aquí. Aunque sospecho que esto es cosa de los alisios, esos vientos talibanes que azotan las cumbres de nuestras Islas, florido cóccix de Europa, espina bífida africana. Bin Laden en mi jardín es como una gran metáfora macabra que sobrevuela la conciencia de los occidentales, dispuesto a inmolar su chasis coránico contra la gran catedral del capitalismo. ¡Tora, tora, Mahoma! Yo, por si acaso, no lo he desenterrado del todo. Sólo le he dejado por fuera la barba, que es el órgano por el que respiran los talibanes. Así no hay peligro de que se asfixie y de esta manera podré cobrar la recompensa que da por él George "Wayne" Bush. Podría entregarlo ya y convertirme, de súbito, en el primer euromillonario, pero prefiero que se complete el ciclo natural, que le vaya creciendo aún más la barba al muy musulmán y que de aquélla vayan naciendo los agrios frutos del integrismo (que tienen una cáscara afilada como el fuselaje de un avión) y esperar al Día de la vendimia del Talibán, que nunca debe ser antes del 11 de septiembre. Como el buen vino.
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