CUANDO LA FURIA del mar que tengo a mis espaldas va amainando su recrudecido y eterno pulso con el litoral Norte de la isla y mientras un imprudente y solitario "windsurfista" desafía la impoluta orografía de las enormes olas, me enfrento con la luminosa y vacía planicie de mi ordenador para pergeñar a la mente unas sensaciones recientes, experimentadas en el entorno de Teno Alto: un insólito viaje a lo atávico, si bien matizado por el inevitable giro de la modernidad que hace que los que allí viven se sientan más cómodos y mejor atendidos ante cualquier contingencia imprevista. Sobreviviente como en Anaga a la desforestación que trajo consigo la explotación agrícola de los valles, la altiplanicie de Teno conserva en sus laderas orientadas al Norte los rasgos vegetales de formaciones de fayal-brezal y laurisilva. Por el contrario, hacia el Sur o poniente, mirando hacia La Gomera, se suceden una serie de praderas repletas de jugosos pastizales, crecidos con las últimas lluvias, que contribuyen a alimentar los rebaños de cabras y ovejas, en menor medida las últimas, que deambulan por el contorno del macizo bajo la atenta mirada del pastor y el inevitable y bien entrenado perro. A cada tramo de cualquiera de las dos bifurcaciones que parten desde el núcleo principal del caserío, junto al bar, la venta y la ermita, se suceden de forma desperdigada una serie de viviendas claramente representativas de nuestra arquitectura rural más popular. Formando así un conjunto armónico difícilmente superable en el resto del territorio insular. El aislamiento secular ha sido el artífice de esta, ahora difícil, conjunción de casas. A mi modo de ver, imprescindibles si contaran con los suficientes medios para que fueran restauradas, formando así un ejemplo vivo de lo que fue nuestro pasado campesino más reciente. Charlando con los escasos habitantes que residen con carácter fijo, mayormente dedicados a la explotación pecuaria, me indican lo satisfechos que están viendo sus prados anegados de humedad y cómo crece y se multiplica en ellos la hierba necesaria para alimentar el ganado durante una buena temporada. Y mientras voy realizando paulatinas paradas para contemplar, con admiración, la singularidad de cada casa y su entorno, me cruzo con los inevitables senderistas foráneos bien equipados, dotados del inseparable mapa y la imprescindible cámara fotográfica para eternizar toda la belleza circundante.
Circulando despacio por la estrechez de una carretera asfaltada en tramos y parcheada en otros de forma rústica con cemento, llego hasta la mayor explotación pecuaria de la zona denominada "Ecoteno", propiedad de un grupo familiar compuesto por matrimonio e hijo y en el que elaboran un queso y requesón de cabra de sabor insuperable. Pese a la rusticidad de las estancias, la limpieza es notoria, y el diálogo les desvela como una pareja algo mayor enteramente arraigada en su lugar de toda la vida; si bien confiesan que sus hijos viven en el pueblo y que ellos bajan de vez en cuando. Le pregunto por las posibles enfermedades y me responde con sorna la mujer, refiriéndose al marido, que "fue al médico y vino peor". O lo que es lo mismo, que su propia forma de vida, sana y activa físicamente, resulta buen remedio contra las enfermedades propias de la vejez. Me despido de ellos, pues la mujer, con una agilidad envidiable, provista de su largo palo y su sombrero de paja, se aleja para recoger el rebaño que pasta en los bordes de un barranquillo cercano. Iniciando el retorno, contemplo sus movimientos desde lo alto escuchando sus órdenes al perro pastor mediante silbos o gritos, mezclados con el tintineo de las esquilas y los balidos graves o estridentes de los animales adultos y las pequeñas crías que se han salvado de los excesos gastronómicos de las pasadas Navidades. Sería loable que nuestro Cabildo, desde el área correspondiente y previo acuerdo con los propietarios de estas casas singulares, ayudara a restaurar las más deterioradas para ofertarlas a un turismo local o foráneo, capaz de complementar la pervivencia futura del hermoso e idílico Teno Alto.
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