HACE POCOS DÍAS oí a una autoridad - no recuerdo ahora cuál - decir que los carnavales de Santa Cruz eran los más seguros del mundo. No me lo creo yo, ni se lo cree, pienso, mucha gente, y a los hechos me remito. El domingo último, 27 de enero, fue asaltada una persona, dejándola sin conocimiento, en la parada de la guagua que está frente a la antigua taquilla del Teatro Guimerá. No fue de noche ni de madrugada, sino a las cinco de la tarde, y la víctima se disponía a tomar dicho medio de transporte para regresar a su casa. Se trata de nuestro buen amigo Domingo Santos Hernández, antiguo y conocido taxista en las paradas de la Plaza de la Paz, de Numancia y del Ayuntamiento. No sólo tiene 79 años, sino que fue operado recientemente de cataratas. Al parecer alguien llegó a él y le dijo que le entregara la cartera. Domingo expresó al agresor que sólo tenía cinco euros, momento en que recibió un tremendo golpe por detrás en la cabeza. Perdió el conocimiento y no recordaba nada cuando se despertó en una cama del Hospital. Pero lo peor es que el ojo recién operado presentada un tremendo traumatismo. El oculista le informó al día siguiente de que no perdió la visión por pura casualidad. Sabemos también el caso de otra señora que en la esquina de las calles Álvarez de Lugo y María Cristina, al intentar abrir la puerta de su casa portando una bolsa, fue arrollada y abandonada en la calle, percatándose de su situación unos vecinos al oír sus gritos de auxilio. Se trata de Doña Francisca Palenzuela. ¿Cómo van a convencer los políticos y las autoridades a estas personas, de que los carnavales de Tenerife son los más seguros del mundo, si ya hay personas mayores que me han dicho que ellas desde las seis de la tarde ya no salen, por miedo, de sus casas? Y, fíjense, los casos citados anteriormente tuvieron lugar a las cinco y a las tres de la tarde, respectivamente. Ángel Isidro Guimerá, en unas declaraciones a este mismo periódico, decía el domingo que la Comunidad Autónoma de Canarias era la más corrupta de España, y ahora sólo nos faltaba sino que también nuestras ciudades fueran donde menos seguridad ciudadana existiera. Así, ¿cómo podemos decir que vivimos en la mejor democracia, cuando no gozamos de libertad ni para salir tranquilos a la calle?