LA ESCENA SE REPITE con cierta frecuencia. Uno de los padres, generalmente la madre, le dice al hijo o a la hija que está a punto de salir: "esta noche no sales, porque esta semana no te has ganado la salida y además mañana tienes que estudiar". Entonces el adolescente o no contesta y sale, o contesta que sale porque le da la gana, y se va. La pregunta de muchos padres (no todos, afortundamente) es: "y cuando vuelva mañana a las ocho de la mañana, ¿qué puedo hacer yo?". Esa escena es de fin de semana durante el curso, pero se hace diaria en vacaciones y en carnaval. Durante la semana, los adolescentes van al colegio o al instituto. Los fines de semana salen cuando quieren y beben todo el alcohol que quieren y al día siguiente se levantan muy tarde. "Todos lo hacen, ¿en qué siglo vives tú, mamá?", esa es la frase que lo justifica todo: todos lo hacen. En el mundo se han globalizado las finanzas y los negocios, pero no se reparten los recursos ni las ganancias. Se ha globalizado la cultura, pero no el buen gusto. Se han globalizado las religiones, pero no se ha afianzado la fe. Se ha globalizado el deporte, pero no como práctica, sino como espectáculo televisivo. Y entre los adolescentes europeos y americanos se han globalizado las fiestas de alcohol y de libertad sexual, se ha globalizado, es verdad, el estudio serio pero también la diversión sin tope, los "piercings" en el obligo y el lenguaje duro. Se ha globalizado el desafío a los padres, al mismo tiempo que se vive a costa de ellos hasta edades increíbles. El padre o ya no está en la misma casa, o lo deja todo en manos de la madre. La madre, muchas veces, ha tirado la toalla. Entre los profesores hay diversas actitudes: unos "pasan" de educar y sólo instruyen. Otros intentan ayudar a los adolescentes, que en el fondo están tan perdidos y tan inseguros como siempre: se esfuerzan por hacerse amigos de ellos y mezclarse con ellos en la calle y en la discoteca. Otros se sienten desbordados e impotentes, sin colaboración de los padres y sin el apoyo claro de la Administración (que sólo recomienda algunas "acciones educativas", pero sin comprometerse con los profesores en programas concretos). Muchos profesores, por intentar actuar responsablemente, terminan quemados. Parece lógico suponer que muchos de estos adolescentes, "educados" así, cuando sean adultos y consigan un trabajo, no lo desempeñarán responsablemente, o llegarán tarde al taller o a la oficina sin darle importancia, o se enfrentarán a sus jefes con altanería, como ahora se enfrentan a sus padres y a sus profesores. Todo esto precisamente cuando se está forjando una Europa fuertemente competitiva, con muchos jóvenes europeos bien preparados intelectualmente y con muchos inmigrantes dispuestos a trabajar en las condiciones más duras. En un marco así, no se pueden augurar muchos éxitos a los adolescentes de los que hablamos. ¿Hay solución? La hay, y muchos padres y adolescentes la están ya aplicando. La solución es estudiar en serio, hacer deporte, divertirse sin alcohol ni drogas, hacerse responsables en lo sexual, buscar en la fe el sentido último de la vida. ¿Suena a anticuado? Es lo más moderno, lo único de futuro.