EN UNA DECISIÓN MUY JUICIOSA, el presidente Duhalde pidió taxativamente que los justicialistas de Buenos Aires anularan la gran manifestación de apoyo prevista para ayer frente a la Casa Rosada. El único argumento fue posibilidad de enfrentamientos con opositores reunidos en la nueva cacerolada. Los manifestantes habían previsto un escenario de clásicas resonancias peronistas que incluían nada menos que una comparecencia del presidente (y tal vez su esposa) en el balcón desde el que Juan Domingo Perón y Evita se dirigían al pueblo en los años fundacionales del régimen.
Duhalde, práctico, prefiere la televisión. La marcha tenía oficiosamente valor de referéndum, porque entendía multiplicar por tres o cuatro el número de "cacerolistas", identificados por los portavoces oficiales como burgueses sólo preocupados por el "corralito". Ha trascendido que algunos asesores y ministros del presidente se lo aconsejaron vivamente. La decisión es razonable cuando faltan horas para la presentación del esperado plan económico y, como reconocía ayer en Madrid el ministro de Exteriores, Carlos Ruckauf, el gobierno está comprando tiempo, no pidiendo limosna.
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