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El espejo regional


17/feb/02 20:53
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DICE UN REFRÁN que los enemigos no están enfrente, sino detrás de nosotros mismos, ya que los que están de frente son tan sólo adversarios. Esto podemos aplicarlo a la salvaje huelga de transporte de viajeros que han convocado los sindicatos (por supuesto dentro de sus derechos constitucionales) y que, al margen de sus dudosos propósitos para la defensa de sus trabajadores, hacen un daño irreparable a la imagen turística de Tenerife.

Intentemos ver el problema desde sus orígenes. Hace un año que los propios sindicatos montaron una huelga para que los trabajadores no hicieran más de 40 horas a la semana con el pretexto de que querían pasar más horas con su familia. Perfecto, lúdico, maravilloso, al borde del éxtasis del "cum laude" de los valores familiares. Un chófer de guagua, generalmente, tenía la obligación de hacer algunas horas extras ya que si estaba en una excursión, pongamos en el Teide, no iba a dejar a los turistas tirados para irse a tomar un plato de garbanzas y dormirse una reparadora siesta.

Con el nuevo convenio, que los sindicatos exigieron, se acabaron las horas extras, cuando se cumplen las 40 horas se cambia al chófer y se pasa de pagar horas extras a pagar un salario normal, y además, rizando el rizo, se crean más puestos de trabajo. Pero, con la iglesia se han topado. Las amables esposas de los chóferes tienen a un marido sesteando en casa con la mitad del sueldo.

Imagínense las discusiones en casa:

- El sueldo no me da para el mes - apostilla la señora.

- Pues ahora tengo más calidad de vida - argumenta el conductor.

Si es que puede y no recibe un bocinazo o una plancha en medio de la frente.

La insoportable levedad de las relaciones maritales llega al sindicato, donde la bronca se multiplica por tres, para que le quiten la fiera de encima. Incluso se llega a cuestionar la valía de los negociadores, que pueden volver a trabajar, dejando de ser liberados en su empresa por los sindicatos. Solución: Volvamos a lo de antes, y además vamos a pedir que lo garanticen, exista trabajo o no. Expliquémoslo. Ahora los sindicatos quieren un sueldo fijo, unas horas extras fijas y unos complementos de productividad fijos.

Y los empresarios se quedan atónitos, por no decir que no entienden nada. Les dan lo que piden y, ahora, huelga para volver a lo de antes. Como guinda al pastel piden que se les reconozcan los mismos derechos en el convenio de Tenerife que en el de Las Palmas, con salarios más altos. Entonces pensamos que hay una mano negra desestabilizando desde la Isla amarilla, sorprendente beneficiaria de los desvíos de turistas, y nos empieza a hervir la sangre.

Y piensas que no se debe usar el pleito insular... y te sigue hirviendo la sangre. En fin, que los garbanzos son más importantes que el bienestar social, y que detrás de cada hombre hay una gran mujer. ¡No lo duden!

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