PARA QUE NO SE DIGA que otorgo si me quedo callado, ahí va mi repaso, aunque breve, al Carnaval 2002. Como aún no ha pasado el Domingo de Piñata, no sé lo que habrá ocurrido en el "Kiosko Numancia" y alrededores en este día último del programa oficial carnavalero en El Chicharro, porque todavía quedan "piñatas chicas" y jolgorios "en diferido", en especial en los pueblos del sur de esta Isla. Ahora se cumple el primer aniversario de aquellos hechos, inimaginables en un pueblo civilizado, ocurridos en la tal zona y que, oportunamente, traje a esta columna. Como se recordará, un grupo de indeseables se dedicaba a parar los coches y mostrar, especialmente a las señoras viajeras en los vehículos, por la misma ventanilla, sus "atributos" de masculinidad. No les importaba que fueron maridos dentro del coche y que la cosa pudiera dar lugar a navajazos o hasta tiros. La Policía Municipal, se supone que para escurrir el bulto, huía del lugar con el pretexto de ordenar el tráfico. Aunque un matrimonio vecino mío, víctima de la atrocidad, denunció el hecho, no tengo noticia de detenciones. Ni el matrimonio tampoco. Este Carnaval 2002, brillante y casi insuperable en muchas cosas, ha sido igualmente malogrado, en su imagen externa y en su imagen interna, por iguales o parecidas gamberradas. No sé lo que dirían en la Península y en el extranjero cuando, durante la actuación de una murga, un sujeto con un enorme y tambaleante pene cosido al disfraz se pasó continuamente por el escenario durante toda la actuación de la murga, que fue larga. Uno pensó por enésima vez entonces, que no tiene la culpa el perro, sino quien le suelta la cadena. Pero, cuando, días después, vi en el mismo escenario de la Plaza de España el "concurso" de desnudos masculinos, con premio al más descarado y cochino, organizado por la propia comisión de fiestas carnavalera, me convencí de que esta comisión ha soltado todas las cadenas a la indecencia, la desvergüenza, la inmoralidad, el mal ejemplo, sobre todo a los niños, y el más elemental sentido de lo que antes llamaban "urbanidad" y ahora no se lleva por obsoleta. Yo no sé si había que meter en la cárcel, por violación de las buenas y obligatorias costumbres en espectáculos, a los protagonistas o a los responsables municipales. Me supongo que Don Sergio García, el artífice del extraordinario espectáculo de la Gala, que tanto cuidó detalles para dar la mejor imagen exterior de la Fiesta, habrá aceptado, sin cabreo, que media docena de inconscientes malogren sus buenos propósitos. Vi, por las retransmisiones de las cadenas privadas de TV, que tan magnífico trabajo han venido haciendo en estas fiestas, muchos espectáculos en diferentes pueblos. Ni en los escenarios de Icod, del Puerto de la Cruz, de Los Realejos, de La Orotava, de Telde y de otros lugares que no recuerdo, pude observar semejantes guarradas. Y dejo aparte el "entierro de la sardina" donde se baten todos los récords de horteradas.