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BUENOS DÍAS FLORILÁN

El error y sus consecuencias


23/feb/02 20:53 PM
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EL ERROR ES, como se sabe, un concepto equivocado o un juicio falso. Es lógico que todo error es involuntario, pues nadie va a equivocarse o exponerse a la mofa pública por placer. Y, además, siempre se ha dicho que el error es humano, porque los animales, aunque pueden equivocarse, no escriben libros ni pronuncian discursos. Una pena, porque si lo pudieran hacer, seguramente que quedarían mejor que algunos oradores y escribidores. Al error estamos todos expuestos - nadie puede decir de este error no beberé - , y desconocemos las consecuencias que esa equivocación puede tener, en algunos casos graves. Hace poco más de una semana el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, hizo bajar de pronto la Bolsa de Tokio, llevando el desconcierto a los inversores, sólo por una palabra equivocada mientras pronunciaba un discurso. Habló de una posible "devaluación", en lugar de "inflación", que era lo correcto, y la Bolsa, como digo, tembló. También han temblado las páginas de los periódicos españoles con el "ha", verbo, cuando era "a" preposición, en el manifiesto de un sindicato de estudiantes.

Pero los errores no son de ahora solamente. Ya el poeta trágico Eurípides (unos 400 años a.J.C.) sufrió las consecuencias de uno de ellos. Como me parece que he contado alguna vez, se representaba su obra "Orestes", y el primer actor, llamado Egheloco, cometió una pifia, lo que era imperdonable en aquellos tiempos, en los que sólo se admitía una obra si no había un fallo en la versificación. El actor debía decir "Después de la tempestad, por voluntad de Zeus, viene la calma". Pero al pronunciar la palabra "galene", tuvo lo que se llama un "gallo" y en vez de "la calma", dijo "la gata". ¡Dios mío, la que se armó! Se suspendió la representación y Eurípides tuvo que esconderse para no sufrir el enfado de la gente.

Pero la cosa no quedó ahí, sino que muchos atenienses comenzaron a cazar gatos por esas calles, para luego arrojarlos dentro de la casa del autor de "Orestes", a través de la primera ventana que encontraran abierta. Menos mal que, pasado el tiempo, volvió a reponerse la obra, obteniendo tal éxito, que Eurípides, en desagravio, fue llevado en andas por toda la ciudad.

Afortunadamente en aquella época no se jugaba al fútbol, ni siquiera se conocía, porque habría que haber visto a la hinchada si un delantero fallaba un gol, cosa que hoy en día sucede continuamente.

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