Cultura y Espectáculos

VERSOS CADA DÍA


23/feb/02 19:50 PM
Edición impresa
Sembradora de alegría

Para Lorena Díaz García, Reina del Carnaval chicharrero,
año 2002, con fascinación y arrobamiento

Contemplando tu hermosura, la emoción de tantas lágrimas, un espejo de algazaras remansa tu singladura, cual barco que por ventura ambiciona y hasta alcanza un cetro junto a las aguas que evidente nos ilustra. Y en el solemne escenario donde bailan, donde cantan, y el pulso es un relicario de vibraciones y chanzas, tú recibes esos halos de esta tierra hospitalaria donde infundes con tu gracia el más despierto entusiasmo. Y sembrando la alegría en este mi natal paisaje reverberas con tu sangre el sosiego de una vida, en una noche cuajada, de reflejos que iluminan en tu brújula de alas que gloria da a tanto enigma. Y un Carnaval que fulgura e ilumina el pensamiento junto a las olas deslumbra mientras tú vas con el tiempo desterrando toda duda y entregando ese tu aliento a los que en tu honor mesuran las ofrendas de tu acervo. Y el aroma de tus besos perfumados, no se olvida, cuando tú con tus deseos prometes y hasta prodigas el amor de este tu Reino, confidente que encariña y recuerda cada día la ternura de tu celo. Al amparo de tu risa exulta un cosmos dormido y presiento maravillas que persiguen al unísono los fulgores de tus mimos y magnitudes ya idas que vuelven y ahora vibran con los ecos de tus hitos. Sigue como el sol brillando, que no decaigan tus sueños, y transforma en arrebato lo que antes fue silencio ¡oh Reina, de tanto encanto terrenal y vocinglero, porque tu rostro y tus años juventud fraguan sin riesgo!


Juan Antonio López de Vergara y Batista

Mi bella dama

En un lugar profano

se esconde la bella que amo.

Huyendo de todo aquel desalmado,

por conservarse pura del pecado.

Siglos enteros pasaron,

y aún así mi dama esperaba

que algún día lejano, la contienda acabara.

Mas ansiosa por demostrar su dolencia,

me destronó por otro querer sin razón.

Al que no por piedad, abrió su corazón.

Olvidando por instantes al impetuoso laúd,

que concibió mi madre en Catellón.

Ese melodioso instrumento

que cuando alguna lo toca,

desprende un sonido encantado,

que embruja a toda dulce mujer.

Quedando un recuerdo constante,

en su dulce ser.

Ya que esa armonía suprema

debida al ansia de conocer,

caminará en presencia de ella

sin abandonarla hasta perecer.

Jag Kumar Chulani Raymond