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Niños MAL tratados

Durante los años 1999 y 2000 se contabilizaron algo más de un centenar de casos de maltrato infantil en las Islas, una cifra que aunque siempre es sobrecogedora no es más que la "punta del iceberg" de una realidad mucho más compleja que la del acto de violencia física sobre un menor que salta a las páginas de los diarios.

23/feb/02 21:35 PM
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Desamparo

El centenar de casos de malos tratos anuales registrados en Canarias se incluyen en lo que la Dirección del Menor denomina situación de desamparo, lo que significa que la custodia del menor ha sido retirada a los padres o tutores. En esta situación se encontraban 2.049 niños de las Islas a 31 diciembre de 1999, a los que se sumaron otros 276 en el año 2000.

Prevención

Existe otro nivel en que la situación no llega a ser de maltrato y más vinculado a la prevención, que es el de riesgo, y que centra los esfuerzos de la Consejería en los últimos años. Al ser la ley de 1996 "es un período muy corto para tener más resultados, pues las estructuras aún se están creando".

Prenatal

El maltrato prenatal se vincula fundamentalmente a los bebés que al nacer presentan síndrome de abstinencia por el consumo de estupefacientes durante la gestación.

Sensibilidad

La prevalencia de los malos tratos en Canarias, de 6,42 casos por cada 10 mil menores, es inferior a la media del Estado, del 7,16. Se espera que las denuncias aumentarán en los próximos años, debido a la mayor sensibilidad social hacia este tipo de violencia. El maltrato infantil es "urbano", no porque se den más casos, sino porque se denuncia más que en el medio rural.

Mujeres y niños

La Policía Nacional (Grume) y la Guardia Civil disponen de sus respectivos grupos especializados en la atención a mujeres y niños, principales víctimas de la violencia familiar.

IOSUNE NIETO, S/C de Tenerife

Durante el año 2000 - última fecha de la que se tienen datos - se contabilizaron en Canarias un total de 104 casos de violencia sobre menores, de los que 34 correspondieron a maltrato físico, 40 a psicológico o emocional, 17 prenatal y 13 abusos sexuales. Estas cifras vienen a repetir prácticamente las del año anterior, en que se registraron 103 casos, 42 de maltrato físico, 32 psicológico, 15 prenatal y 14 de abuso sexual.

Sin embargo, esta estadística es la "punta del iceberg" de un problema tan amplio como complejo, cuya dificultad de abordaje empieza desde el momento mismo de definir el maltrato. Entender como maltrato sólo la violencia física es un reduccionismo vinculado sólo al que produce alarma social y salta a los medios de comunicación. Pero el maltrato psíquico o emocional preocupa tanto o más a los profesionales por ser más difícil de detectar y porque es "donde más confusión hay", señala el jefe del Servicio de la Dirección General de Protección al Menor del Gobierno de Canarias, Carlos Martínez, quien admite que incluso "puede llevar a que dos profesionales no se pongan de acuerdo sobre si lo hay".

Con todo, persisten los casos clásicos de la presencia de hematomas o roturas de huesos, el más extremo de quemaduras en bebés y los de niños sometidos a abusos sexuales, malos tratos que suelen detectar y denunciar los pediatras y servicios sanitarios generalmente. "Hay dos niveles de denuncias, las que pueden provenir de personas que dicen haber visto algo y de quienes tienen relación con el menor: los médicos, servicios sociales y los colegios".

¿Y la policía?

"A la policía sólo se va cuando se presume que hay delito y el problema de los malos tratos es que es bastante ambiguo, porque no todos los desamparos que declaramos son delitos". Cita como ejemplo que "el abandono de un menor en nuestras oficinas, como ha ocurrido, es un delito tipificado, pero no suele prosperar, algo que a nosotros nos asombra y nos preocupa". Y añade que los jueces en un caso de este tipo " no suelen ser nada contundentes", lo que cree que ocurre por las dificultades de las pruebas.

El tema de las pruebas o la evidencia del maltrato parece determinar que se vincule el fenómeno a las clases más desfavorecidas, no porque sea exclusivo de éstas, sino porque carecen de recursos para ocultarlos o para la defensa.

Incluso, en las clases sociales más altas el maltrato es "más refinado", valora el jefe del Servicio, en el sentido de que es más difícil probar un maltrato emocional, en el que el niño es sometido a una erosión continua de su autoestima. De hecho, destaca, suelen ser los únicos casos de desamparo que "son recurridos y que hacen que tengamos por interlocutor ya no al progenitor o tutor, sino a sus abogados".

Un caso típico sería el del hijo "amanerado" al que el padre no soporta y humilla por ello y que obliga a que el menor tenga que ser separado de sus progenitores por ser este comportamiento intolerable.

Por edades

Y es que si se profundiza en las causas de los malos tratos, sorprende cómo puede haber situaciones de violencia familiar en que los padres quizá ni siquiera son conscientes de que su actitud corresponde a la de un maltratador. Así ocurre por una pérdida del control en situaciones de estrés, por un índice de frustración elevada al no responder su hijo a sus expectativas o porque el niño no es deseado o aceptado.

Ante la imposibilidad de dar un perfil del menor víctima de malos tratos, Carlos Martínez sólo se atreve a determinar que entre los 3 y los 13 años se puede hablar de una víctima del maltrato físico o psíquico en general, descendiendo el físico a medida que el niño puede defenderse. Hacia los ocho años comienza a perfilarse el abuso sexual en niñas, mientras que este abuso o maltrato con intencionalidad sexual es indiscriminado sobre varones o niñas por debajo de esa edad. Por encima de los 13 años, empieza a darse otro fenómeno en el que el niño puede ser el maltratador de sus padres, lo cual vincula a una situación anterior de maltrato, pero que tiene que ver con el "niño malcriado al que nunca se le han puesto límites a nada".