Tenerife Norte
FELIPE JUAN GONZÁLEZ GARCÍA

El anillo insular, lo estético y lo necesario


26/feb/02 18:22 PM
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LOS DEFENSORES DEL ECOLOGISMO esgrimen siempre unos argumentos bien orientados, en teoría; pero la vida cotidiana en nuestros niveles actuales de superpoblación y palpables avances económicos, culturales y sociales, evidentemente exigen, en muchos casos, echar mano de la serena reflexión y del sentido común para intentar armonizar una supervivencia lo más equilibrada posible, que establezca la compatibilidad deseable entre el racional mantenimiento de nuestro entorno y eso que se ha dado en llamar desarrollo sostenible, dado que el "maná" hay que conseguirlo, no como el misterio bíblico, sino a base de arrimar el hombro. Eso sí, lesionando lo mínimo posible nuestro entorno que, como sabemos, también forma parte del bienestar de las generaciones actuales y futuras.

Por consiguiente, si planteamos este sofisticado dilema y analizamos, por ejemplo, los trabajadores que tienen necesidad de desplazarse desde sus hogares - nos referimos a los municipios afectados por la prolongación de la TF-5, desde Los Realejos a Icod, El Tanque e Isla Baja - para acudir a sus puestos de trabajo en municipios, generalmente turísticos, situados a muchos kilómetros de distancia, es difícil persuadirles de que los posibles minutos de retraso en sus recorridos son compensados por el disfrute de un paisaje diáfano y estético. Está claro que la respuesta será que sus hijos no van a alimentarse contemplando las bellezas paisajísticas del barranco de Ruiz, de Los Campeches o de la Rambla de Castro.

Hemos podido observar, en diferentes tertulias televisivas recientes, reiteradas discusiones sobre el tema. Del mismo han tomado parte destacados ecologistas y ediles responsables de los municipios directamente afectados. Está claro que los primeros asumen unos criterios muy respetables y dignos de tener en cuenta; sin embargo, los segundos actúan bajo la directa mirada de los habitantes de sus respectivos municipios, a los que, indudablemente, cada cuatro años tienen que "rendir cuentas". ¿Qué quiere decir esto? No hay ninguna duda, estos ediles tienen que actuar en coherencia con lo que aceptarían los habitantes de sus respectivas circunscripciones. Por eso, cuando se habla de catorce mil firmas recogidas con el "no" rotundo o con unos "arreglos" a la C-820 actual, para salir del paso, no erosionando las zonas naturales de un trazado, nos obligan a reflexionar en el sentido de que nos gustaría saber cuántos firmantes, propietarios de vehículos y residentes entre los cincuenta mil de esta comarca afectada, podrían haber firmado...

No añadimos nada nuevo si decimos que nuestro suelo es el mismo; sin embargo, en cinco siglos de nuestra historia, el incremento poblacional, junto con el afán de conseguir un mejor bienestar, nos conduce a situaciones que nos llevan, consciente o inconscientemente, a erosionar nuestro entorno. Mas, he ahí la cuestión, ni al más romántico de los ecólogos se le ocurre ir a vivir a una cueva de las que usaban nuestros aborígenes. O utilizar la tinta y la pluma de gallina para escribir, en vez del actual bolígrafo.

No queremos terminar sin decir que la solución de la prolongación de la TF-5 pudiera estar a la vuelta de la esquina. En las próximas elecciones municipales, los señores ecologistas, con sus grupos políticos de apoyo, tienen la ocasión, si se presentan con el programa del "no" a la referida obra, de convencer. Así se acabarían las discusiones. ¡Adelante!

FELIPE JUAN GONZÁLEZ GARCÍA