Jornada Deportiva

El empate de la impotencia

El Tenerife no controló el centro del campo y sufrió para frenar los contragolpes de un rival que superó el gol en frío de Fuertes.
4/mar/02 14:07 PM
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VENTURA GONZÁLEZ, S/C

El Tenerife sufrió ayer una sacudida de realismo. Ya decía Clemente que no encontraba lugar para la euforia en un equipo que va último. Por algo será. Ayer se le escaparon dos puntos de oro macizo y ni siquiera se le deben poner peros al resultado, porque incluso pudo ser peor.

Clemente resolvió el problema de la ausencia de Bino de la peor manera posible. Colocó a Marioni como enlace entre la pareja Jaime-Bassedas y la punta, ocupada por Fuertes. El cambio no funcionó, porque Marioni no estuvo cómodo ahí y porque, además, el equipo, sin Bassedas en la mediapunta, perdió el control del juego que había tenido ante Osasuna. El Tenerife estaba ganando desde el minuto 3, pero ni así corrigió los problemas de equilibrio defensivo que le creó Tamudo, cayendo a una banda y buscando sacar ventaja de la débil espalda de Javi Venta. El capitán del Español sacó a Lussenhoff de su sitio media docena de veces y fue una pesadilla mientras estuvo en el campo. Fue el autor de un gol que nació en un córner inexistente y con su velocidad casi rompe el partido. El Tenerife recibió el empate como un estímulo y se fue a buscar el segundo gol, empujó lo que pudo, pero no tuvo ayudas en ataque. La pelota llegaba a Jordi y no tenía salidas, porque el canterano echaba de menos la presencia de Bassedas con la misma libertad de movimientos para apoyar todas las jugadas. Por la izquierda, Basavilbaso entró más, pero el equipo no gozó de claras ocasiones, salvo un cabezazo de Lussenhoff en un córner.

En la segunda parte, tal vez como reconocimiento de su error, Clemente recompuso el centro del campo, volvió a sacar a Bassedas por delante y colocó a Martí prescindiendo de Xisco para colocar a Marioni en la izquierda. Con la zona ancha dominada, el Tenerife jugó sus mejores minutos, entró mucho por la derecha, con un Jordi inspiradísimo y se le echó encima a un Español que seguía teniendo en los tres volantes de ataque (De Lucas-Tamudo-Roger) un peligro en cada contra, porque son muy rápidos y tienen una técnica solvente, que les permite jugar a gran velocidad con alta precisión. Clemente siguió buscando soluciones y sorprendentemente sacó a Bassedas del campo, mantuvo a Marioni en la banda y colocó a Iván Ania a organizar por delante de Jaime y Martí. Llegó la expulsión de Rotchen y el Tenerife se volcó, ya con Simutenkov en la derecha, en lugar de Jordi. Fue un ataque precipitado, con tanto corazón como falta de método, ni siquiera atinó cuando el Español quitó a Roger para poner un central, con lo que dejó libre a Jaime, hasta que Flores se dio cuenta del error y metió a Aganzo a presionar.

Los últimos minutos fueron muy tensos, siempre con el enfado del público con el árbitro, siempre también con la oposición de un repliegue intensivo de un Español que aguantó con un hombre menos y tuvo arrestos para montar una contra que casi desnivela injustamente el marcador, en un cabezazo franco de Morales. El Tenerife lo intentó, no se descompuso nunca, mantuvo el orden y creó peligro en los córners y en todas las entradas por banda que consiguió hacer, ante tanto defensor como había en las dos líneas de 4 que acabaron guardando la portería de Mora.

La única enseñanza de este partido es la gran diferencia que tiene el equipo en control y en presencia ofensiva, cuando juega Bassedas avanzado, en una posición que le descubrió el propio Clemente que ayer casi no le hizo disfrutar de esa plenitud. Se resiente todo el equipo con Marioni haciendo algo para lo que no tiene condiciones naturales. El Tenerife no empató por eso, pero sí es cierto que ayer no tuvo centro del campo. Esa es la diferencia de una semana a otra.