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ALEJANDRO DE BERNARDO

"La manga de la caridad" o el morro de la gente


10/mar/02 20:54 PM
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HAY VECES EN LAS que resulta difícil decir las cosas tal como son, por razones tan plausibles como el miedo a ofender o molestar a los demás. Recurrimos a la delicadeza, a las indirectas y a los rodeos con tal de no ser bruscos o hirientes, lo que tiene la ventaja de que quedas más o menos bien - o a lo mejor, por tonto - , pero tiene el repetido inconveniente de que las orejas de tu receptor se pongan una frente a la otra y, ya ves... como el que oye llover, por un oído me otra y por el otro me sale. Recuerdo que Gila - otra vez recurro a la genialidad del genio - relataba en una de sus parodias, cómo un detective detenía a los criminales con indirectas. Contaba, que cada vez que el sospechoso se cruzaba con el peculiar investigador, éste decía en voz alta: "alguien ha matado a alguien...", "por ahí viene la poli...", "tiene que ser dura la vida entre rejas..." y así, día tras día, iba variando en parte la cantinela, hasta que el asesino, no pudiendo resistir más y acosado por la tensión de los encuentros, confesaba su crimen. Eran otros tiempos. Quizás, otra forma de ver la vida. Tal vez, otros corazones. Ahora resulta cómico el planteamiento, porque no se piensa en algo parecido ni siquiera como posibilidad. Ya ven, dos jóvenes mueren en Málaga por haber ingerido "éxtasis". Otra maldita droga vendida y repartida - sin ningún escrúpulo - entre niños que apenas empezaban a asomarse a la vida. Poderoso y cruel caballero...
Pero no va por ese lado mi comentario. Con esa gente que trafica y se enriquece sin conciencia, no tendría la más mínima consideración. Directo a la yugular. Hoy estoy comiéndome el tarro con otras circunstancias menos traumáticas pero que claman al cielo. A ver si me explico. "La manga de la caridad", que tanto nombraba mi abuela, debía ser algo así como el lugar al que todo el mundo, con méritos o sin ellos - más bien sin ellos - , podía acudir a recoger alimento, vestido o cualquier otro bien de primera necesidad. Al menos es lo que yo deducía de sus palabras. Muchas veces y a mucha gente con criterio he oído comentar que un altísimo porcentaje de los isleños vive - o espera hacerlo - de las subvenciones y ayudas públicas: paro, fondos europeos, programas del Ayuntamiento, del Cabildo... ¡Cómo son tan exigentes...!
No sé si alguna vez se habrán fijado en bastantes "elementos" y "elementas" que suelen obtener puesto de trabajo temporal en algunos de esos concursos laborales que adjudican tanto la Institución municipal como la insular. Son como para rasgarse las vestiduras. Si además te toca hacerles un seguimiento en su jornada laboral, ya es que, irremediablemente, te deprimes, te tiras al mar o te entra el baile San Vito, o cualquier otro baile que no necesite música. A mí me ha tocado. Por eso digo lo de "La manga de la caridad" que hoy son sin duda los Ayuntamientos, que parecen sólo exigir algo tan dificultoso de conseguir como el estar empadronado y confesar que, una vez, pusiste una manguera, con lo que serás desde ese día fontanero de 1ª, o te pintaste los labios, y por lo tanto, habilidoso pintor/a de brocha; o colocaste un bloque de "los legos" cuando tenías 5 años y por tanto oficial de albañilería; o bajaste la basura en chándal, con lo que podrás ser monitor deportivo. ¿Creen que exagero? Hombre, un poco a lo mejor sí. Pero un poco n a más.
Les aseguro que no son "parados", es que son "quietos". No se mueven ni para coger dinero - nunca mejor dicho - . Así es que quien espera una labor medianamente bien hecha, en un tiempo razonable, y en condiciones de aprovecharla... como dependa de grupos de éstos que se apunte a la cofradía del santo Job porque, de otra manera, es serio candidato al suicidio. Y lo de las indirectas para intentar que se espabilen... mejor ni intentarlo. Ni aunque se lo digas a bocajarro o con banderillas de fuego. Para más INRI, no hay trabajo que realice uno solo. Como los agapornis - pájaros comúnmente conocidos como "inseparables" - . De dos en dos o en bandadas.
Otra especie a proteger, aunque sin peligro de extinción, son los encargados, jefes, subjefes, capataces y demás familia. Éstos nunca coinciden y están tan milimétricamente organizados que nadie se salta el escalafón. Vienen a medir, después llega el siguiente en el rango a comprobar la veracidad de la medición, a los dos días aparece el tercero para calcular el material que hace falta, le releva una semana más tarde otro con un poco más de mando que decide que la cosa no se va a hacer según estaba prevista, pues hay nuevas cosas en el mercado que irán mucho mejor, así es que esperamos un mes más - no serán menos de dos - y tendremos la obra casi lista para ser iniciada. Eso sí, el móvil en el cinturón para "no perder tiempo".
La culpa es mía que soy un desesperado, que me llevan los demonios, que quiero las cosas para ayer, y que de seguir así, cascaré de un infarto cualquier día. Pasito a pasito, mi niño. No ves cómo, a pesar de todo, avanzamos. Feliz domingo y perdonen si alguno se ha molestado. Sólo es una humilde opinión. Además, algunos trabajan por cinco y por cincuenta si me apuran. Por lo menos conozco a dos. Feliz domingo.
ALEJANDRO DE BERNARDO