Criterios
LO QUE ES ENRIQUE GONZÁLEZ

La viuda alegre


10/mar/02 20:54 PM
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ACASO, UN MÉDICO no sea otra cosa que un descifrador del lenguaje de los órganos del cuerpo humano. Su dificultad está en que, a veces, sólo recibe lejanos balbuceos y, en otras, sólo confusiones babélicas. Su habilidad más exigente y exitosa es la de escuchar, escuchar los gritos de los órganos enfermos, como dijo un célebre médico. Cada órgano del cuerpo humano tiene su propio idioma. Cada idioma tiene sus propias palabras, con sonidos diferentes y escrituras bien distintas. El médico se afana en traducir los mensajes en clave que se originan desde las microscópicas estructuras de las células. Y entre señales de calma y señales de alarma construye su diagnóstico. Este escuchador de gritos afina sus sentidos para diferenciar cada lamento. La empresa es difícil, por la tortuosidad de las expresiones y por las limitaciones del aprendizaje. De todos los quejidos, los más confusos son los que salen de un alma dolorida por los asuntos de la vida. Y entre todos los asuntos el más desgarrador es el que produce la pérdida de un ser querido. Se siente inútil porque no descubre una fórmula buena para un problema grave. No existe receta alguna para aliviar ni consolar.
Muchas veces el médico, por prisa o por exceso de confianza, se precipita y no escucha el relato total del enfermo. Se conforma con pocas palabras para formar su criterio. Como el que lee un libro y, desde el primer capítulo, cree entenderlo. O se conforma con el prólogo y se olvida que hasta el epílogo es importante.
Una viuda relativamente joven vino a consultarme. Sin preguntarle, me dijo: - ¡Mire!, he adelgazado 10 kilos desde que mi marido falleció.
Me asusté, pensé en la más letal de las enfermedades. Las marcas de los huesos sobresalían en su cara. Sus ropas oscuras le quedaban anchas. Los ojos negros, casi cubiertos por unos párpados tristes, estaban hundidos en unas profundas y desgrasadas órbitas. La piel sobraba por todas partes. Los pliegues cutáneos caían flácidos desparramados en el cuello. Su caminar era cansino. Sus palabras salían apagadas de unas quijadas flacas. Los movimientos eran parsimoniosos. Su cara con valles profundos y crestas afiladas, era inexpresiva, blanca y rígida como un cadáver.
Le dije: - Entiendo claramente su problema. Le hablé de la grave influencia que tiene sobre la salud todo sentimiento exagerado. Comprendo su dolor pero es necesario dejar el luto en los vestidos y las penas del corazón. Hay que vivir. La vida es dura, tiene dificultades; sé lo difícil que resulta para una mujer perder a su marido, al compañero de su vida, al amante fiel.
Se ha estudiado y demostrado que las viudas con penas alargadas y elevadas sufren con mucha frecuencia enfermedades de todo tipo. El cáncer es más habitual en ellas, sin olvidar la hipertensión arterial, la angina de pecho y la muerte súbita.
Estuve mucho tiempo explicándole que la vida no se termina por perder a un ser querido, que hay varios motivos para vivir. Si creía en el otro mundo, debería pensar que su querido esposo no estaba sufriendo. Estaba gozoso en la presencia de la verdad. La muerte es un accidente dentro de la propia vida. La vida no se interrumpe con la muerte, se continúa en el más allá. Pero, sobre todo, tenía que vivir, sobrevivir, aun con la pena. Tenía que vivir porque hacía falta para otros y para realizarse ella misma.
La vida es maravillosa para ennegrecerla con penas. Hasta las hormigas se esconden del peligro de morir. Las plantas se adaptan a los vientos y las sequías. Los seres humanos, con inteligencia y con creencias, entienden que la vida es el mejor regalo, incluso con sufrimiento y con dificultades.
Nos obsequiaron con muchos dones al nacer, pero ninguno tan precioso como la vida. La puesta del sol, las galaxias, la contemplación de la Naturaleza son grandes maravillas capaces por sí mismas de hacernos felices. La luna cambiante, los días repletos de luz hay que disfrutarlos porque de ellos nacen renovados deseos de vivir.
Muchas veces somos egoístas con los seres queridos y queremos mantenerlos vivos por nuestra propia conveniencia, aun entendiendo que no pueden seguir viviendo porque están con grandes dolores, con importantes limitaciones, sin posibilidades de tener un ratito de existencia. Existir es sentirse penetrado por la vida.
Quiero que nuestra entrevista sirva para que se anime a vivir, para rehacer su vida, para encontrar nuevos motivos para seguir viviendo para no echar a perder ni estropear la vida. Lo que no puede hacer es morirse de lástima por algo que no puede solucionar. Su dolor ha sido muy grande para bajar 10 kilos. A otras personas les da por comer. Ni lo uno ni lo otro. Aun con el pesar hay que vivir, vivir sanamente. Hay que reír, al menos sonreír. Vale la pena.
Me interrumpió: - Su razonamiento sobre la influencia de los sentimientos exagerados en la salud me parece perfecto. Muchas gracias por todo lo que me ha dicho, pero yo he adelgazo porque me he puesto a régimen. Mi marido era un sinvergüenza, y a mí no me ha producido pena alguna su muerte. He adelgazado para poder bailar y divertirme todo lo que pueda.
No supe contestarle. Rodeado por el ridículo y aplastado por la ignorancia, me sentí abatido. Y todo pasó por no saber escuchar. Por no escuchar el discurso total de la viuda alegre.
LO QUE ES ENRIQUE GONZÁLEZ