Criterios
TAMADAYA

El espejo regional


10/mar/02 20:54 PM
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EL MUNDO SE VUELVE loco, gira y gira y a algunos les produce una sensación de pánico que les hace aferrarse a las locuras de la contradicción, una y otra vez, hasta que se les queda la boca con un sabor a tiza irreverente y kafkiano, con los ojos saltones como un alfonsiño y la boca desencajada con los empastes a la vista.

Cristóbal Arroyo, secretario general de la Federación del Transporte de Tenerife de la socialista U.G.T., se ha columpiado en la defensa de los trabajadores del sector de viajeros, dejando a Tenerife en la cola de los intereses generales. Ahora ha sido cesado por desleal a la causa y por intereses enfrentados, pues al mismo tiempo lideraba una facción sindical y una federación empresarial.

¿Se puede ser más maniqueísta? Y todo por salir en una foto con más frecuencia que la deseada, dejando enemigos en el camino que se unieron en el ataque a su persona, durando, eso sí, menos que un caramelo en la puerta de un colegio. ¿No era legítimo defender solamente a una de las partes? ¿O a lo mejor no era suficiente?

A todo esto José Enrique Morales, presidente de Asotraste, federación del transporte y áridos y no sé cuántas cosas unificadas por la guerra contra un solo señor constructor, que representaba también a sindicatos y empresarios del transporte, ¿qué hace para tardar tanto en desaparecer de la escena empresarial, y dedicarse a socavar agujeros en sus áridos, de donde nunca debió salir? Hace falta ser soberbio para poner sus intereses personales y paralizar una Isla por un "quítame unas arenillas". Y lo peor es que cada vez que habla representa a diferente número de asociados, unas veces miles, otras cientos, otras docenas. Debe ser que encogen cada vez que los mete en la lavadora.

Tenerife debe desenmascarar a estos impostores, que van detrás de la última noticia para subirse al carro, sólo falta la boina y una guitarra para que la gente les tire monedas. Ahora, Adán Martín, que le prometió apoyo para crear una planta de gas oil en el puerto de Tenerife, ¿qué hará? ¿Aprovechará para llenarles el tanque de combustible?

Y Luis Suárez, presidente de la Autoridad Portuaria, ¿seguirá defendiendo sus bonanzas y les conducirá por el camino más corto hacia la concesión administrativa? ¿Se merece este colectivo que controlen el transporte necesario para nuestras mercancías, o llevar y traer a nuestros hijos al colegio, o transportar a los turistas de un lado para otro? ¿Acaso que también controlen el suministro de gas oil para guaguas, ganaderos o maquinarias? ¿O, tal vez, sería más prudente ponerles en sus manos el control de los áridos con el que hacemos el revuelto que construirá nuestras casas, hoteles, carreteras, etc.?

Si no hay vendas en los ojos de nuestros políticos, puestas o impuestas, deberían reconsiderar la vieja política del destierro.

Una vez que el conejo sale de la madriguera, alguien tiene que rematarlo. ¿O dejamos que se reproduzcan?
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