Criterios
BUENOS DÍAS FLORILÁN

No es justo ni humano


10/mar/02 20:54 PM
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CON MOTIVO DE LA muerte de dos menores en Málaga, durante un macroconcierto y después de ingerir unas pastillas de éxtasis, los medios de comunicación han hecho un juicio somero de las causas que han motivado estas lamentables muertes, en particular, y dónde podría encontrarse el origen de la desviación que sufre la juventud actual. Aparte de los fallos que ha habido en dicho acto, tanto en el aspecto técnico como en el administrativo - en un local para 8.000 personas se metieron más de 13.000 - se ha destacado que el mal en principio viene de los padres, de los docentes y de los propios gobernantes. Por eso, yo quisiera romper hoy una lanza en favor de los docentes.

Sí, puede que los docentes no estén hoy a la altura de las circunstancias, pero, ¿a qué se debe? Primero, a que no son debidamente arropados por los padres de los alumnos, cuando éstos cometen faltas graves, y segundo a la ausencia del debido amparo de la autoridad. Uno no se explica cómo los maestros pueden aguantar tantas vejaciones como sufren por parte de algunos de los estudiantes que tienen a su cargo. Continuamente se producen en las aulas insultos y amenazas a los docentes, sin que ni los padres ni la autoridad, al ser denunciados los casos, hagan algo por mantener el prestigio y la autoridad de aquellos.

Una de las semanas pasadas leí un artículo de Aguayo en estas mismas páginas, sobre un desgraciado y trágico suceso escolar. Una niña de cinco años muerta en la visita de un colegio a un parque zoológico del sur, y también la maestra resultó la perjudicada. Al parecer, la menor, en un descuido de todos, cayó a un riachuelo de menos de un metro de profundidad y dejó de existir "por inmersión", según el lacónico parte del forense de Granadilla. Al día siguiente fue incinerado su cuerpo. No hubo juicio, sino un arreglo entre el parque temático, los padres de la menor fallecida y el Ministerio de Educación y Ciencia, y la maestra es sancionada con unas pesetas que abonará seguramente el Ministerio, pero que es al fin y al cabo una condena. Pero, ¿por qué la condenan si nadie vio nada y no se sabe si la menor sufrió un desmayo u otra niña la empujó? Mientras tanto, durante los cuatro años que ha durado el proceso, esta maestra ha venido arrastrando una pertinaz enfermedad, unida a un lamentable estado anímico. Cuenta, al parecer, con el cariño y apoyo de sus amigos y compañeros, pero, a mi juicio, se merece también una reparación oficial por parte del Ministerio. ¿O es que va a ser ella sola la víctima moral de este suceso?
BUENOS DÍAS FLORILÁN