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FELIPE FERNÁNDEZ GARCÍA *

El primer santo canario


10/mar/02 12:00 PM
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CON LA PROMULGACIÓN del Decreto de aprobación de la autenticidad del milagro obrado por Dios a través de la intercesión del Hermano Pedro en el entonces niño y hoy joven Alberto González Hernández, promulgación llevada a cabo en presencia de S.S. Juan Pablo II por parte de la Congregación para la Causa de los Santos el pasado 7 de julio, el hasta ahora Beato Hermano Pedro será pronto reconocido por la Iglesia cono santo y será, por tanto, con toda certeza el primer santo de nuestra Diócesis y el primer santo canario.

Es una noticia más que buena. Es una noticia gozosa. Es una noticia entusiasmante. Y algo de ese mucho entusiasmo que se ha despertado he podido percibir ya no sólo en el interior de la Iglesia, sino más allá de sus fronteras visibles en mucha gente que se siente interesada por la religión y la verdad religiosa o sencillamente por acontecimientos que tienen que ver con estas tierras y sus habitantes.

A través de los santos, se nos dice preciosamente en un prefacio de la Liturgia de la Iglesia, Dios nos ofrece "el ejemplo de su vida, la ayuda de su intercesión y la participación en su destino".

Aplicadas estas tres perspectivas al que va a ser nuestro Santo Hermano Pedro, todos deberíamos intentar conocer ya lo mejor posible su vida y aprender de ella. Aprender, por ejemplo, de su sencillez, su humildad, su piedad, su caridad con los pobres, su espíritu de penitencia, su inquietud apostólica... Tiempo tendremos de ir recordando retazos de su vida para aprender de ella el ejemplo que Dios nos presenta e intentar imitarle.

Igualmente sería bueno contar más y más con su intercesión. En este sentido, no puedo dejar de subrayar, como obispo, que impresiona comprobar la larga hilera de quienes, a lo largo de estos siglos, se han acercado a la Cueva del Hermano Pedro y han dejado allí súplicas, preocupaciones, cuidados. Gente sencilla, en su inmensa mayoría. Sin otro impulso que el que el Espíritu Santo haya puesto en su interior. E impresiona, no menos, ver la larga hilera de quienes, a lo largo de estos siglos anteriores y hasta hoy mismo, han dejado en la Cueva del Hermano Pedro expresiones de reconocimiento y gratitud. Impresiona. Porque viene a confirmar que Dios tiene en cuenta la intercesión de los santos. El Hermano Pedro ha cumplido perfectamente aquella promesa que le hizo a una buena mujer que, ante la cercanía de la muerte del Santo, rompió a llorar: "No llores, le dijo el Hermano Pedro, porque mejor hermano te seré allá que no te he sido acá". Seguir contando con la intercesión que desde allá nos ofrece a los de acá es una buena manera de acercarnos a Dios. Dios nos ofrece la ayuda de la intercesión de los santos.

Finalmente, se nos dice en el prefacio, al que estoy aludiendo, que a través de los santos Dios nos ofrece "la participación en su destino", es decir, la participación en la vida eterna de la que ellos gozan ya en el cielo. No es una cuestión menor. Estamos, me atrevo a decir, en el filo mismo de creer o no creer, de encontrar sentido a la religión o no encontrar sentido a nada. Todo depende de descubrir la existencia de Dios, del Dios amoroso que se nos ha revelado en Jesucristo y de conocer la vocación del hombre a la comunión con Dios para siempre. Pero de todo esto - y de otras cosas - tiempo habrá de hablar y de escribir a propósito de la canonización, cercana ya, del Beato Hermano Pedro. Quedémonos hoy con el gozo del anuncio y quedémonos con una primera invitación a dejarnos renovar en nuestra vida cristiana, a ejemplo suyo, a cuidar la comunión eclesial y acentuar el espíritu misionero en sintonía con nuestro Sínodo y con el dinamismo interno de nuestra Iglesia Diocesana.

* Obispo de Tenerife

FELIPE FERNÁNDEZ GARCÍA *