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Isleños a la DERIVA

Diez excursionistas tinerfeños se ven obligados a alcanzar la costa de la isla de Sal a nado, tras encallar la embarcación en que viajaban en un pequeño arrecife. No hubo que lamentar víctimas, a pesar de la aparatosidad del incidente y de hallarse en aguas infestadas de tiburones.

EL DÍA, S/C de Tenerife
21/mar/02 22:02 PM
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Lo que en principio iban a ser unos días de plácido descanso y dedicación a la práctica del buceo en Cabo Verde para diez ciudadanos tinerfeños se convirtió en la madrugada de ayer en pesadilla cuando, a unos quinientos metros de la costa, la embarcación en que viajaban encalló en un pequeño arrecife a la altura de la Bahía de Santa María, quedando semihundida y dejando prácticamente a la deriva a pasajeros y tripulación.

De todo ello informaban ayer a EL DÍA familiares y amigos de los protagonistas de esta pequeña odisea, que con toda probabilidad quedará resuelta la semana próxima, y en la que no ha habido que lamentar víctimas, a pesar de que la zona del incidente se encuentra infestada de tiburones.

Alfredo Oramas, hermano de Miguel y Javier, dos de los malogrados aventureros, despertaba sobresaltado hacia las cuatro de la madrugada, cuando el timbre anunciaba la presencia en su casa del padre de uno de sus compañeros, que venía a comunicarle la noticia: tan sólo media hora antes, los excursionistas habían efectuado una breve llamada desde el barco para decirles que habían encallado, que se estaban hundiendo y que se tenían que tirar al agua para ir nadando hacia tierra.

Oramas recuerda que él mismo acompañó a sus hermanos y al grupo de amigos en la misma embarcación a las Islas Salvajes hacía un año y recordaba el nombre del barco y las claves para comunicarse con éste, pero todos los intentos resultaron infructuosos.

La angustia, sin embargo no iba a durar demasiado. Al cabo de una hora, los náufragos volvían a llamar con el único móvil que les quedaba. Estaban en tierra, concretamente "en una playa" de la isla de Sal, y algunos de ellos en paños menores al haberles sorprendido durmiendo el accidente. Habían llegado a tierra nadando o en pequeños botes que había en cubierta, y ya intentaban hacerse con un remolcador que arrastrase la embarcación a aguas más profundas, permitiendo así reflotarla.

Al amanecer, los excursionistas regresaron al barco en la canoa de un nativo, para intentar recuperar algunas de sus pertenencias, viendo en la primera intentona frustradas sus expectativas ante la presencia de una cantidad indeterminada de tiburones merodeando alrededor de la embarcación, "probablemente al olfato de las provisiones que portaban los excursionistas". Tras una vuelta previa a tierra, el siguiente periplo permitió recuperar una maleta, en la que se hallaban los pasaportes. Los contactos con las autoridades nacionales y autonómicas han posibilitado un alojamiento para los accidentados, que volverán a sus hogares en pocos días, en el único vuelo semanal a Canarias que se oferta en la zona.