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Condenado a ocho años por dos delitos continuados de agresión sexual a dos sobrinas

Los hechos ocurrieron entre 1994 y 1999, en el domicilio y garaje del acusado, que ya había sido condenado por delitos similares. Las menores sufren secuelas como fracaso escolar, transtorno del sueño, ansiedad, resentimiento y retraimiento social.

EL DÍA, S/C de Tenerife
24/mar/02 9:35 AM
Edición impresa

El Juzgado de lo Penal número Uno de la Capital tinerfeña ha condenado a un hombre a ocho años de prisión y al pago de 36.060 euros en concepto de indemnización a dos menores, familiares suyas, de las que abusó sexualmente en su domicilio y en el garaje anexo al mismo, entre 1994 y 1999.

Según consta en la sentencia, "desde 1994 y hasta 1999, el acusado - anteriormente acusado en dos ocasiones por abusos deshonestos, siendo condenado a cinco años de prisión menor - , guiado por el ánimo de satisfacer sus libidinosos deseos, realizó tocamientos en los pechos y zona genital, tanto por encima como por debajo de la ropa, a su sobrina. Para evitar que la menor se marchara, la agarraba con fuerza, rodeando el cuello de la niña en algunas ocasiones con su brazo y, en otras la retenía contra la pared. Para evitar que los hechos se conocieran, amenazaba con matarla a ella o a su padre".

Asimismo se recoge en el texto legal que "igualmente, entre 1996 y 1999, el acusado, con idéntico propósito, realizó tocamientos en los pechos y zona genital, tanto dentro como por fuera de la ropa a su otra sobrina. Para evitar que se marchara, la agarraba fuertemente de los brazos, rodeaba su cuello o la retenía contra la pared y le decía que si decía algo iba a matarla a ella o a su padre. Estos hechos se desarrollaban en el domicilio del acusado, bien en la vivienda, bien en el garaje anexo".

Las dos menores, a consecuencia de lo ocurrido, presentan un fuerte sentimiento de culpa, trastornos del sueño, ansiedad, retraimiento social, depresión, su sexualidad se encuentra afectada, padecen falta de concentración e intensificación del fracaso escolar, precisando ambas tratamiento psicológico para que su situación emocional no se agrave".

Carácter violento y agresivo

Los hechos, tal y como se recoge en sentencia, son constitutivos de dos delitos continuados de agresión sexual, al concurrir la continuidad delictiva con cada una de las perjudicadas, ya que "se han realizado actos que atentan contra la libertad sexual de otro, tocamientos en los que ha mediado la violencia e intimidación al ejercer fuerza física manifestada en rodear el cuello de la menor con el corpulento brazo del acusado, asir fuertemente el brazo, así como las serias amenazas de muerte dirigidas hacia las menores y sus familias que alcanza relevancia, dado el carácter violento, agresivo e impulsivo del acusado, según manifiesta todo su entorno familiar corroborado por el informe forense, en el que se afirma que el acusado padece trastorno límite de la personalidad, caracterizado por las notas de la agresividad y la falta de control".

Asimismo se recoge en la amplia sentencia que "existen dos delitos continuados y no uno, contra la libertad sexual, ya que se han mantenido contra sujeto pasivo, realizados en un mismo marco temporal y espacial".

El testimonio de las niñas

El acusado, según el texto legal, es el autor de los hechos quedando acreditado por las declaraciones de las menores agredidas.

Las dos niñas acudían regularmente al domicilio del agresor, con permiso de sus progenitores, dado que no existía enemistad, rencor o cualquier otra relación adversa entre las familias que hiciera temer la comisión de hechos delictivos. A raíz de lo ocurrido, la situación cambia y se produce la ruptura familiar llegando a ser el entorno escolar de una de las niñas el que presenta la denuncia al detectar un fracaso escolar y un cambio de actitud de la menor poniendo en marcha los mecanismos judiciales. Por otra parte, en el propio informe psicológico de las menores se afirma que existe en éstas un sentimiento contradictorio entre el odio y el resentimiento hacia el agresor y el deseo de que no le ocurra nada.

La reacción que en las menores provoca rememorar los hechos son sentimientos de angustia y tristeza, así como claridad y contundencia en sus declaraciones tanto cuando narran muchos episodios de agresión por parte de su tío, dicen que les tocaba el pecho y "sus partes", unas veces todas las semanas y a veces pasaban meses sin que lo hiciera. En ocasiones por dentro de la ropa, otras por fuera, en ocasiones estando sentados, otras se abalanzaba sobre ellas, o se situaba detrás, en definitiva, cuando, como y donde al agresor le apetecía.

En la sentencia se dice que el informe pericial psicológico y el practicado en el juicio "fueron ilustrativos respecto a la menor de 12 años, en la que la psicóloga predica credibilidad en su testimonio con datos periféricos, tales como conversaciones mantenidas con el acusado mientras los hechos acontecían, así como narración de complicaciones externas inesperadas como la presencia de la esposa del agresor y de las palabras textuales que pronunciaba, reiteradas éstas por la testigo, nos estamos refiriendo a joder".

Por lo que respecta a la otra afectada, aunque su edad fuera superior a 12 años, relata y describe los hechos.

Corrobora, según dice la sentencia, los hechos, el fracaso escolar de ambas perjudicadas y el traslado del lugar de residencia por parte de la unidad familiar de las víctimas, ante el temor que albergaban por la reacción del acusado. "Resulta evidente que no se trata de un montaje como afirmó el acusado, ya que familias como éstas, de extracción social humilde, no cambian caprichosamente su lugar de residencia si no hay causa poderosa que lo imponga".

No al exhibicionismo

Respecto a la acusación de exhibicionismo obsceno que mantenía el fiscal queda integrado en la agresión sexual, concurriendo en el procesado la agravante de reincidencia. No concurre circunstancia modificativa de la responsabilidad criminal relacionada con el estado mental del inculpado, pues el perito forense consideró que el trastorno límite de la personalidad que padece y se manifiesta en agresividad, impulsividad y falta de control no condiciona su facultad volitiva e intelectiva.

Las víctimas, ante el temor que les infunde la persona y conducta del acusado, se sometían servilmente a sus deseos. Asimismo, en el texto legal se recoge que "son dos jóvenes que en edad de pubertad han visto trastocadas sus vidas, con traslados de domicilio, centro de estudios, enemistades y su visión de la sexualidad se ha visto afectada al tener un primer contacto con la misma vejatorio, violento y no consentido".

Las peticiones de las partes

El Ministerio Fiscal calificó los hechos como constitutivos de seis delitos de agresión sexual, concurriendo la agravante de reincidencia solicitando la pena de tres años de prisión para cada uno de los delitos y una indemnización para cada una de las menores de 3.005 euros (500 mil pesetas).

Las acusaciones particulares calificaron como dos delitos continuados de agresión sexual concurriendo la agravante de reincidencia al tiempo que pedían seis años de prisión para cada uno de ellos y el pago de 30.050 euros para cada una de las afectadas.

Por su parte, la defensa solicitó la libre absolución.