Jornada Deportiva

El sueño duró ochenta minutos

Pese a la derrota y a que fue el conjunto gallego el que llevó la iniciativa, el Tenerife estuvo cerca de dar la sorpresa en Riazor.
25/mar/02 21:07 PM
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ERICK CANINO, La Coruña

3-1.Una derrota que llegó empujada por la lógica. Si el Deportivo es mejor que el Tenerife, mucho mejor, Riazor sólo es una plaza para la sorpresa. Y el conjunto isleño estuvo cerca. Echó mano del manual de heroicidades para hablar más alto de lo que se le supone en su vida de colista. Aquello fue un sueño, uno que duró casi 80 minutos de partido. Pero llegó la lógica y el triunfo del Dépor.

El Tenerife ayer esgrimió argumentos para creer en él. A pesar del resultado y de que la carga de las matemáticas cada vez sea mayor --mismos puntos y menos partidos--. En Riazor, una victoria no hubiera sido un premio injusto. Fue un partido que se desarrolló según estudio previo. Clemente situó a sus hombres respondiendo a las exquisiteces del rival. Para Valerón, el Colo; Tristán rodeado de centrales y Fran "padeciendo" a Basavilbaso. Detalle a detalle. Con mucha suerte,casi tanta como argumentos para profesar una fe razonada.

Así, defendiendo lo que no pudieron hacer equipos como el Madrid o el Manchester, el Tenerife comenzó avisando en el extremo en el que menos se le esperaba. Ahí, en el inicio de las contras, funcionaron Venta y Javi López; así como Marioni, que fue un referente válido en las acciones de desahogo. Pero al Deportivo se le ocurrió empezar a tocar el balón. Un poquito de Fran, más de Valerón y Tristán. Al Sevillano se le adivina el peligro con sólo verle recibir el esférico. Así se sucedieron 15 minutos terribles para los isleños. En lo poquito que encontró el Coruña en el desarrollo de la primera mitad.

Valerón se fue una vez de Lussenhoff y la jugada acabó en una excelente intervención de Julio Iglesias a disparo de Tristán (20 m.). Dos más tarde, la alegría estuvo muy próxima para Fran y en el desarrollo de la ofensiva local Tristán envió al larguero.

El Tenerife no recibió gol porque la suerte estaba reservada para el Colo. A los 30 minutos, en una fase de encuentro que vendía al Tenerife como víctima. El argentino ajustó hilos en el entramado heroico blanquiazul desde la frontal del área. Un disparo perfecto para arrojar al Deportivo a las necesidades de remontada en el lado oscuro del sueño blanquiazul. Y todo esto en su propia casa.

El Tenerife se encontró así el partido que más le gusta, con el peso de sus aspiraciones confiado a sus virtudes defensivas. Incluso con alguna alegría ofensiva, a los isleños no les costó mantenerse vencedores durante muchos minutos, justo hasta el instante en el que Charcos se lesionó.

Clemente incluyó a Bassedas y retrasó la posición del Colo, prescindiendo así del amplio repliegue defensivo que el argentino estaba ofreciendo por delante de la defensa. Metió a Bassedas y dejó a Mustafá en el banquillo. Ahí todo cambió. El Deportivo comenzó a empujar con más firmeza, Irureta introdujo a Makay y Djamilnha, alentado por un público que lo quiere todo. Copa, Liga y Champions. Y encontró espacios por aquí y por allá, salvo en el último extremo defensivo del Tenerife. Bien replegado, inició una batalla por el 0-1 que iba a ser muy larga. Cada minuto, eterno. Con un adversario repleto de talento y esa sensación de que de ahí hasta el final sólo le iba a alcanzar para defenderse.

A los 65 llegó el penalty, e Iglesias prolongó las ilusiones de triunfo con su intervención ante Diego Tristán. El delantero falló lo más fácil y tuvo que ser Scaloni -lateral derecho- el que hiciera estallar el estadio de Riazor. En dos ocasiones. La primera en un gol feo desde fuera del área y en la segunda casi igual.

Ya estaba roto el sueño y el partido. Makay puso la rúbrica a diez minutos del final de la cruda lógica del conjunto deportivista.

LOS HECHOS

Uno y otro equipo

Clemente trabajó el partido de manera específica durante la semana y en la práctica el Tenerife dio sensación de conocer el origen de la fuente de riquezas de su rival. Y casi la secó. Con los sobresaltos inevitables por la calidad del rival, supo obtener rédito en un enfrentamiento en el que partía como víctima propiciatoria. Y entonces llegaron las sustituciones. El primero fue un equipo y el de los cambios otro mucho peor. Algo que también se refrenda con el marcador posterior.