Tenerife
EDITORIAL

Precampaña electoral y actuaciones concretas en las Islas


31/mar/02 12:01 PM
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LA PROCLAMACIÓN de algunos candidatos para Alcaldías y Parlamento Autónomo marca ya el preludio de la confrontación electoral. Y aunque todavía estemos a catorce meses mal contados de la cita con las urnas, el doble hecho de que en el reciente congreso de ICAN y en determinadas asambleas locales socialistas hayan sido nominados conocidos aspirantes, equivale a lo inevitable.

A que se ha dado la señal en la brega por mantenerse o acceder a los cargos.

No escasearán observadores que, con harta razón, puntualicen que el electoralismo ha sido el gofio cotidiano en determinadas áreas institucionales, desde 1999 y sin fallar ni un solo día. Sin embargo, a partir de ahora y hasta mayo de 2003, con el paréntesis del próximo alivio veraniego, deberíamos afinar la atención. Habremos de interpretar en claves de precampaña-campaña, no oficiales y sí tan reales como la vida misma, muchos de los discursos, los soliloquios, las diatribas, los aupamientos, las reticencias, las soflamas...

¿SE NOS PERMITIRÁ el que elevemos unas súplicas, mínimas, dirigidas a los pretendientes a puestos, a fin de ahorrarle fatigas y tedios a la ciudadanía en edad de votar? ¿Es por aquello de "al que madruga..."? Pues, también.

Acepten humildes, de entrada, el andrajoso deterioro en la imagen de la clase política. Sí, es una inmerecida degradación del colectivo. Porque son más aquellos que trabajan por el común, honradamente, que quienes se enriquecen con las corruptelas y, encima, extienden falsos rumores para quebrantar la reputación de los íntegros. ¿La desvergüenza de los pocos y el mutismo de los muchos coadyuvan al desgaste de todos por igual? Probablemente.

Personalicemos el tópico o estereotipo. En sentido inverso. Y no en cuanto a venalidades, sino en endosarle a un gobernante único la culpa exclusiva del indignante montón de molestias, junto a veleidades, zanganerías, exclusiones...

Escribimos de Antonio Castro. El titular de Obras Públicas, Vivienda y Aguas refería, días pasados en el Parlamento, que el retraso en realizar el Plan de Carreteras en Tenerife no era imputable sólo a su Departamento.

En EL DÍA creemos la versión de este consejero. Mas, ¿por qué ha estado durante tanto tiempo y aún sigue reservado? Las cuatro vías tinerfeñas en ejecución suman apenas 150 millones de euros, las de G. Canaria sobrepasan los 266 meuros. Aquí los desajustes provienen de los proyectos demorados, de las trabas, de los informes y cambios locales, ajenos, por una vez, a las tramitaciones consejeriles. ¿Alguien marea la perdiz de las dilaciones? ¿Con expectativas de negocios intrincados? ¿Quién, a sabiendas de que en la fraterna isla de enfrente son raudos - lo que les beneficia - en adelantarse en el presupuesto?

No obstante, cuando es el Ministerio de Fomento el que adjudica en Madrid, suscribiendo las cláusulas del cómo y hasta cuándo, y Cascos tampoco termina de fijar las inversiones pendientes, y encarecidas, ¿a quién se le achacan los trastornos del insoportable caos circulatorio en las autovías tinerfeñas, sino a Castro Cordobez? No invitamos al experimentado gobernante a que vocifere, sí a que sea locuaz dentro y fuera de la Cámara. Que cada palo aguante su vela.

PERO ESTÁBAMOS con los primeros ruegos a los componentes de las planchas. ¿Renovadas éstas con jóvenes preparados y leales al bien común del país? ¿Integradas por miembros volcados, no en barrer para enfrente, sino en clarificar las competencias de las Administraciones y en promover los diálogos interinsulares? El posible acierto del último proyecto de ley para la ordenación territorial turística de La Palma, La Gomera y El Hierro radica en que nace como "traje a la medida de cada Isla", insularizado, y no con ínfulas centralistas.

Huérfanos aún de la democracia de las listas abiertas, los electores apreciarán mejor los mensajes nítidos, viables, creíbles y los compromisos personalizados, que los posibles tochos farragosos de las siglas y los aparatos.

Si se da cuenta de lo conseguido, también será prudente analizar lo inalcanzado y los fallos habidos. Y no menos conveniente resultará explicar los programas, propios y alternativos, sin insultar a los adversarios.

A todo esto, cuantos presuman de que la economía de Canarias crece por encima de la media española, adquirirán la obligatoriedad de dilucidar, a continuación, cómo va el reparto de la riqueza generada en este Archipiélago. En qué medida prosperan las producciones insulares. Hasta cuándo los hogares isleños, nada menos que en un 60 por ciento, han de padecer algún grado de dificultad para llegar al final de cada mes. O por qué la inseguridad cívica, el descontrol inmigratorio, la incultura... apesadumbran, aún, a las Siete Islas.

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