La tragedia vivida en Santa Cruz de Tenerife removió la memoria de decenas de palmeros, aquellos que el día 16 de enero de 1957 vivieron y sufrieron las consecuencias fatales de una descomunal gota fría que a su paso segó la vida de 32 personas en los municipios de Mazo y las Breñas, con 413 evacuados y más de un centenar de casas destruidas.
Sentados, casi "pegados" ante el televisor, muchos de los supervivientes de aquella tragedia experimentaron el pasado domingo la sensación de haber ya vivido toda la información que en ese momento recibían. Era un suceso nuevo, pero las imágenes eran similares a las lluvias que arrollaron a seres humanos por los barrancos de Aduares en El Llanito y Aguasensio.
Algunos, incluso, sólo necesitaron el pasado fin de semana asomarse a las ventanas de sus actuales viviendas, ubicadas en Santa Cruz de Tenerife, para encontrarse de frente con su peor pesadilla, aquella que por desgracia un día se convirtió en realidad y que ahora revivían por las calles tinerfeñas.
Antonio Mendoza perdió en la tragedia de La Palma a siete familiares: sus padres, cuatro hermanos y un cuñado. "El agua nos llevó a los once familiares, pero unos tenemos la suerte de poder contarlo y otros no. Lo ocurrido nunca se me podrá olvidar; es como si lo estuviera viviendo ahora mismo. Fue horrible".
Con la voz tenue y el recuerdo fresco, Antonio Mendoza habla acerca de los peores momentos que tuvo que vivir en aquella trágica mañana: "Mi padre y yo fuimos a socorrer a un vecino que vivía cerca de nosotros, pero el agua rompió su casa y nos llevó a los tres. Cuando la riada me arrastraba pude agarrarme a una palma que atravesaba el barranco y logré salir fuera del cauce. Sin tiempo y sin pensarlo fui a buscar a un hermano de cinco años, lo dejé en la carretera y volví para mi casa. Cuando llegué cogí con todas mis fuerzas a una hermana de siete años y corrí, pero el agua llegaba con demasiada fuerza, tiró detrás de mí a toda mi familia, me partió el brazo y perdí a mi hermana que llevaba agarrada. No la pude ver más, ni siquiera apareció su cuerpo".
Antonio Mendoza, empresario del transporte, vive ahora en las Torres de Taco, y la experiencia vivida en Santa Cruz lo llevó al pasado: "El lunes por la mañana fui al muelle, vi el panorama y lo que hice fue esconderme donde no me viera la gente y ponerme a llorar porque recordé muchas cosas que no se pueden soportar. Una cosa es contarlo y otra vivirlo. Recuerdo a una jovencita de quince años pidiendo auxilio y no poder hacer nada por ayudarla. Es una imagen que tengo grabada en la mente".
Andrea Carmen Arrocha Díaz también fue testigo de aquel trágico 16 de enero del 57, aunque ella tuvo más fortuna al no perder a ninguno de sus familiares directos. Eso sí, las imágenes no se le van de la cabeza: "Por mucho tiempo que pase, nunca se olvida. Tenía sólo diez años, pero es un recuerdo imborrable. Cuando vimos por la televisión lo que estaba ocurriendo en Tenerife, lloré mucho y le dije a mi marido que aquello ya lo habíamos vivido nosotros. En aquella ocasión, el agua no se veía porque estaba cubierta por una nube oscura. Fue horroroso porque las viviendas estaban en el barranco y sólo por el centro había una pequeña canalización. Salimos corriendo de la casa y gracias a Dios no nos ocurrió nada".
Por lo que respecta a las ayudas recibidas, el Gobierno de Franco ordenó la construcción de cien viviendas de 25 metros cuadrados para los afectados. También se destinaron fondos para vías y zonas de cultivo.
Además, en el Teatro Madrid se celebró una función en favor de los damnificados de La Palma, patrocinado por el ministro Pérez González, con la actuación de Carmen Sevilla y Paquita Rico, entre otros artistas de la época que participaron en el evento benéfico.
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