En el barrio de San Andrés muchos vecinos, mientras limpiaban sus casas, no se creían todavía ayer lo que les había pasado. Mientras unos lloraban otros trataban de olvidar la angustia sacando el lodo de las casas que tanto les había costado levantar.
Alfredo Morín Gallardo no recordó en su pueblo nada igual, y fueron muy significativas sus palabras, cuando emocionado, dijo que "esto ha sido un gran desastre, donde la lluvia nos ha quitado lo que nunca hizo el mar".
Este vecino de San Andrés vive con su mujer y una niña. Explicó que al tener la vivienda dos entradas el agua formó como una ola en su interior, destrozando todo el mobiliario. Al principio sintió gran impotencia y temor por nuestras vidas. "Me impresionó mucho ver mi coche flotando".
Teresa Coba Baute no dejaba de llorar al recordar la catástrofe. Contó que su hijo le dijo el fatídico día que no tenía ganas de almorzar y que lo acompañara a subir a la azotea.
Esta mujer de San Andrés dijo que primero vio que el agua bajaba por el barranco un poco negra. "Aquello - aseguró - me extrañó pero cuando el pánico me invadió fue cuando un ruido que nunca olvidaré puso ante mis ojos un agua con una altura fuera de lo normal que destruía lo que encontraba a su paso. Ello motivó que me cayera al suelo del susto.
"Lloré mucho - destacó - al pensar lo que le podía pasar a mis hijos y a mis nietos". Añadió que el agua le quitó todo lo que tenía, tanto la paga del mes como las pocas joyas que tenía.
Agradeció mucho la ayuda económica que le entregaron Cáritas y la Concave a través de EL DÍA. El dinero lo empleará en una lavadora, una nevera, camas y una cocina. "No tengo ganas de vivir porque el sacrificio de toda una vida para tener una casa y verla ahora destruida en pocos segundos es muy fuerte".
En Valleseco las labores de limpieza continuaban como en el resto de barrios.
Carolina Tacoronte Betancort que estaba con sus padres en el Sur, al enterarse de la noticia salió con rapidez rumbo a Santa Cruz.
Cada 5 minutos se comunicaba con su primo, pero cuando el móvil perdió la cobertura, la angustia se agudizó y se apoderó de todo su cuerpo.
Al llegar a Santa Cruz la Policía les impidió dirigirse a San Andrés y se instalaron en el Recinto Ferial. Cuando el lunes llegaron a Valleseco y vieron su casa la tristeza fue terrible. Ahora se están quedando en casa de unos vecinos. "Sentí una gran impotencia - añadió - al ver la casa de la que hemos perdido casi todo. Como mi madre padece del corazón no la hemos dejado entrar todavía". La vivienda tiene que ser apuntalada por el peligro que corre.
Ángela Herrera González, también de Valleseco, forma parte de una familia de cuatro personas. Como la casa donde viven tiene bastante pendiente, se formó un gran lago, donde el agua llegaba a la cintura. Cuenta que el agua empezó a entrar por la puerta y, como explicó, "la echábamos por la ventana en cubos. Pero cuando vimos que la lluvia comenzó a inundarlo todo saliendo por el inodoro y plato de ducha, decidimos salir a la calle por la ventana y quedarnos en casa de mi madre".
Con el agua por la cintura
El agua también les llegaba a la cintura y las principales necesidades que tienen son colchones y ropa de cama. "Esto - manifestó - ha sido una catástrofe. Sentí pena e incertidumbre y mucho miedo por mis hijos".
En el barrio de La Alegría, Concepción Santos Campos vive con su marido y dos hijos. En el momento de la riada estaba sola con su hijo menor. "Nunca pensé - aseguró - que esto pudiera pasar. Lo primero que pensé fue salvar a mi hijo. Buena parte del mobiliario está estropeado". Incluso perdió el material de construcción que tenía para hacer el cuarto de sus hijos. Ahora están viviendo todos en una habitación.
Informó que ante un hecho de estas características no te da tiempo al principio en reaccionar. A pesar de todo estuvimos hasta las 12 de la noche limpiando la casa con la ayuda de familiares y vecinos. "Toda ayuda que pudieran prestarnos era poca", añadió.
Águeda Álvarez vive en una casa de dos pisos con una familia formada por trece personas. Dijo que la tierra de una finca próxima entró en su casa. "Salimos - dijo - cogidos de la mano".
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