ESTOY CANSADO DE DECIRLO. En el Valle carecemos de un Auditorio en el que puedan representarse aceptablemente obras teatrales, conciertos y actos culturales de gran capacidad. No me resigno a que el Puerto de la Cruz se conforme con un destartalado Parque de San Francisco, que desde el año 1967 ya estaba - aunque sin techo - preparado alborozadamente para recibir al II Festival de la Canción del Atlántico, después de un causal y casual incendio. Por su parte, La Orotava lleva años sin empezar las anunciadas obras de la sala Teobaldo Power, y por tal motivo esta temporada no hubo conciertos del Festival de Música Clásica de Canarias.
Pero con ser malo, esto no es lo peor. Ya en el aspecto estrictamente cultural y educativo, las cosas llegan a mayores cuando unas jovencitas, presuntas espectadoras, en una representación teatral en la sala Teobaldo Power (obra titulada "Footin"), se pusieron a armar jaleo. El actor principal tuvo que decirles que lo dejaran actuar. En periodismo se llaman "ruidos comunicativos" a las circunstancias negativas que rodean la transmisión del mensaje, haciendo que llegue al receptor o espectador de forma tergiversada o incompleta. El de estas zafadas muchachas es el caso en que las personas receptores del mensaje se "autoflagelan" haciendo ellas mismas su "ruido comunicativo".
Mi amigo Arturo Maccanti dio una charla hace poco en el Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias (IEHC), Puerto de la Cruz. Los "ruidos comunicativos" de la calle se fueron sucediendo a lo largo de la lectura de su prosa y su verso. La megafonía del recinto, aunque sea una solemne incongruencia, fue precisamente la que originó, por ser defectuosa, otro de los "ruidos comunicativos". Y, además, el inicio de este acto hubo de ser retardado, porque los tambores y cornetas de la pre - Semana Santa ensayaban pomposamente en la Plaza de la Iglesia. Arturo Maccanti ha sido recientemente nombrado miembro de la Academia Canaria de La Lengua. Espero que algún día, que deseo no muy lejano, el IEHC lo invitará a un recinto adecuado para este tipo de actos culturales. Esperemos...
En Los Realejos he tenido más suerte. Hay quien grita "¡bravo!" como si fuera obligatorio, aplaude antes de tiempo o carraspea demasiado. Pero de eso hay en las mejores salas del mundo.Yo mismo entré hace años, con vaqueros y con la corbata prestada, a la ópera "Carmen" (por curiosear, porque del "bell canto" no tengo ni p.idea) la única vez que lo he hecho en la platea del Liceo de Barcelona. Por nuestros lares, en la Casa de la Cultura de Los Realejos, lleva camino de consolidarse la Temporada Internacional de Guitarra. En su II edición, asistí a una sensacional actuación de guitarra clásica a cargo de Pavel Steidl, un checoslovaco nacido en 1961. Más de medio centenar de espectadores (la sala tiene cabida para unos 170) saltamos de la butaca, aplaudiendo emocionados, cuando el rubio concertista interpretó de propina, con voz y guitarra, una pieza de muy singular "blues - man". La sala de la Casa de la Cultura está en semisótano y hay que bajar 24 escalones. Y tiene una puerta al fondo del largo pasillo con un letrero: "Cierren las puertas para que no entren los gatos". Si llega a entrar alguno, no hubiera provocado ningún "maullido comunicativo", permaneciendo en un respetuoso silencio al escuchar al genial Pavel Steidl.
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