Tenerife Norte
VALLE DE TAORO EVARISTO FUENTES

Truenos, relámpagos y correr de barrancos


13/abr/02 18:23 PM
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ENTRE EL DOMINGO 24 y el lunes 25 de noviembre de 1968 se desató una tormenta sobre este Valle, que dejé indicada así en mis notas. "Truenos, relámpagos y correr de barrancos. En 24 horas llovió más que en todo el año 1966". Con motivo de las inundaciones del pasado día 31 de marzo en Santa Cruz saqué de mi archivo las fotos que yo había hecho cuando el referido aluvión del año 1968. Hubo dos muertos, uno en la zona alta del Valle y otro en La Vera, en lugares con casas "alegremente montadas" en las orillas de los barrancos. En estas fotos se ve llena de grandes piedras la calle portuense de Santo Domingo, en el tramo desde el actual Ayuntamiento (entonces no estaba ahí todavía) hasta el muelle. La playa de Martiánez, "entullada" hasta casi el risco de La Restinga, unos cien metros hacia dentro del mar, con un fondo muy profundo que se lleva muchos miles de toneladas de escombros. Por el otro extremo de la ciudad, las viviendas de la Obra Sindical, años sesenta, fueron afectadas en algunos de sus cimientos. Una de mis fotos es de concurso, con la cartelera de un cine, medio colgando en el vacío, en una esquina rota y desprendida de la fachada de un bloque de viviendas. Fue una tragedia que no llegó a las dimensiones de la de ahora en la Capital, pero que hizo mucha pupa.

Con el reciente aluvión sobre Santa Cruz se desataron las polémicas de siempre. Que si el alcantarillado es insuficiente, que si hubo falta de coordinación... Al final, los que pagan el pato son en especial los barrios marginales, que se han mal construido sobre las montañas. Un periódico nacional llega a compararlos con las favelas de Río de Janeiro.

Las inundaciones urbanas, en general, requieren rapidez en la aportación de las ayudas, pero también es necesaria la limpieza frecuente de la red de alcantarillado. Aunque el alcantarillado esté bien dimensionado, si se inunda de escombros queda estrangulado e inservible. En todo caso, la solución definitiva cuesta mucho dinero. Habría que trasladar hacia urbanizaciones de nueva planta a todos los vecinos de esas montañas deslizantes. Y hacer una muralla de contención alrededor del pie de cada una de las prominencias del terreno fácilmente desmoronables, susceptibles de inundar las zonas habitadas. Con drenaje y canalización hacia los puntos o barrancos alejados de las zonas urbanas, que al llegar al mar no se vean taponados por diques portuarios mal ubicados... El coste es incalculable sin un estudio concienzudo.

Por otra parte, volviendo al Valle, cada vez que hay algún accidente en las abruptas playas norteñas (todos los años hay alguno), suelen manejarse dos argumentos contrapuestos: Uno, que los turistas accidentados son poco menos que tontos ("¿Acaso no ven ellos la fuerza de la mar cuando está brava?"). Y otro, por el contrario, que el sistema de ayudas de emergencia (equipo y personal) sigue siendo deficiente, a pesar de los ya más de cuarenta años de turismo masivo europeo que llevamos por estos lares. Que nadie culpe de los accidentes exclusivamente a los turistas despistados. Ellos vienen a las bellas y tranquilas playas que anuncian en la publicidad con cálidas palmeras tropicales. Y si bien la Playa Jardín, por ejemplo, tiene ese "look", el dique semisumergido fabricado para contención del oleaje se quedó corto y en muchas ocasiones la mar brava lo rebasa y llega hasta la misma orilla.

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