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"Los niños sonríen en Kosovo y la región va recuperando el pulso"

El comandante Roberto Alonso Carracedo, oficial de Información Pública, relata a EL DÍA las tareas de reconstrucción y apoyo que llevan a cabo las tropas españolas en el país balcánico.

EL DÍA, S/C de Tenerife
18/abr/02 22:46 PM
Edición impresa

Desde finales de junio del 99, España participa en la Fuerza Internacional de Paz para Kosovo (KFOR). En la comarca de Istok, ubicada al noroeste de la región, se concentran las tropas españolas.

Esta zona comprende unos 470 kilómetros cuadrados, con un 24% de área montañosa. Rica en bosques y con una economía fundamentalmente agrícola, en ella conviven cinco comunidades: la albanesa - musulmana, con 40 mil personas; la albanesa - católica, con unas 1.300; la bosnia - musulmana, con mil; la gitana, con 2 mil, y la serbia, con algo más de 200 personas.

A primeros de abril, un total de 1.308 efectivos españoles se contabilizaban en esta región, de los que 863 están destinados a la Agrupación Española de Kosovo, con base en la ciudad de Istok.

Atrás quedó el "síndrome de los Balcanes", la contaminación por uranio empobrecido que alarmó a las tropas a comienzos de 2001.

El comandante Roberto Alonso Carracedo, oficial del arma de Ingenieros con destino en Tenerife y licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de La Laguna, cumple desde hace un mes funciones de información pública en la zona.

El mando explicó aEL DÍA que, tras una cruenta guerra civil, Kosovo se encuentra "en un estado de franca recuperación", y valoró la "ayuda de tipo moral y material" que prestan las tropas, patrullando la región y reacomodando a la población que regresa poco a poco a sus orígenes.

De las gentes, marcadas de por vida por las cicatrices de una guerra, señala el comandante que "intentan volver a su ritmo habitual", y destaca "las enormes ganas de vivir" que destilan. "Es una gente agradecida, que se entrega con ese sentimiento tan singular que se hace más presente en las gentes necesitadas".

Pero la mayor sensación la provocan los niños. Ellos sí son capaces de detener el tiempo y, ajenos a la desgracia y al horror, lo cubren todo con sus risas: "Recientemente construimos un parque infantil en Istok y da gusto verlos jugar, alborozados", al paso de los blindados.

El comandante Alonso afirma que "estar lejos de casa resulta emocionalmente complejo", pero comenta que "la tropa está relativamente cómoda, con las limitaciones propias de un lugar donde existen carencias evidentes.

Bajo un clima duro, rodeada por las nieves que cubren las cumbres cercanas a Istok y acompañada de una lluvia pertinaz, la agrupación española cumple una nueva primavera en los Balcanes.