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GUILLERMO CABRERA INFANTEESCRITOR

"Si Castro muere, no voy a regresar a Cuba en el primer avión"

El escritor hispanoamericano, premio Cervantes 1997, defiende las formas tradicionales de escritura y considera que la empresa privada será necesaria para reconstruir su país.

JOSÉ A. DULCE, S/C de Tenerife
25/abr/02 19:52 PM
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Empezar una conversación sobre literatura y terminar hablando del "peso falso" del humo o de los truculentos escritores del período isabelino sólo es posible si el interlocutor se llama Guillermo Cabrera Infante. Horas antes de su participación en el ciclo "Diálogos en vivo", el escritor cubano, autor de "Tres tristes tigres" y "La Habana para un infante difunto", concedió una entrevista a EL DÍA donde abordó cuestiones como el exilio, la "Arcadia" cinematográfica, su "alter ego" Caín o el tabaco, convertido por él en objeto de erudición.

- Algunos de sus compatriotas aseguran que la literatura cubana es una misma realidad, se escriba en Cuba o en el exilio. ¿Está de acuerdo?

- De ningún modo. La literatura es un ejercicio individual. No importa la realidad, sino la visión personal de cada escritor. De lo contrario, la literatura sería de una monotonía espantosa.

- ¿Sigue experimentando la misma excitación que antaño frente a la página en blanco o, con el ordenador, su planteamiento ha cambiado?

- No utilizo esa tecnología. Y no es por testarudez, sino porque me resulta más cómoda la máquina de escribir; también, porque me interesa más la comunión directa con la página escrita. Cuando estoy delante de una pantalla lo que espero es una película. Porque la pantalla del ordenador es, al fin y al cabo, un "cine de palabras".

- ¿El narrador Guillermo Cabrera Infante ha dejado atrás al crítico de cine G. Caín (seudónimo empleado por el escritor en su época de comentarista)?

- No. Caín murió y yo hice su obituario. Pese a ello, el personaje me ha perseguido durante mucho tiempo. Era una especie de maestro de ceremonias que oficiaba entre el cine, el espectador y el escritor. Lo que hice a través suyo fue un acercamiento al cine por medio de la escritura.

- Una de las películas basadas en sus guiones es "Punto limite: cero". ¿No ha envejecido su propuesta?

- La película no responde exactamente a lo que yo escribí. Imaginé una historia sobre un hombre con problemas en un auto, mientras que la película hablaba de un hombre en un auto con problemas, lo que era completamente distinto. Yo prestaba más atención a las relaciones del conductor con la realidad que encontraba a su paso, mientras que el director, Richard Sarafian, se decantó por la acción.

- ¿Qué vinculo le unía con Calvert Casey, el autor de "Notas de un simulador"?

- Calvert era una persona extraordinaria, muy sensible. Esa cualidad fue la que lo llevó a la tumba. Demasiado sensible para soportar la carga del exilio... Siempre fue muy generoso conmigo. Hablé con él tres días antes de su suicidio y nada daba a entender que tomaría esa decisión. Pienso que si hubiera estado en Londres, no se habría quitado la vida. En cambio, se fue a Roma, a una zona que vagamente recordaba las calles de La Habana. Sé que en sus últimos días escribió unas cartas donde explicaba todo; sin embargo, esas cartas se perdieron a causa de una huelga de Correos en Italia. Lamenté profundamente su muerte.

- ¿Cree que la cruzada actual contra el tabaco obedece a razones de salud pública o al dinero que les cuesta a los gobiernos en concepto de gasto sanitario?

- El tabaco representa un gran beneficio para los Estados. En España ese beneficio se obtiene a través de Tabacalera y de los impuestos con los que se grava el producto. En cierta ocasión, Walter Raleigh le dijo a la reina Isabel de Inglaterra que era capaz de pesar el humo, un enigma casi griego. Echó en su pipa cierta cantidad de tabaco, fumó y puso las cenizas en una balanza. "El peso de lo que es el humo - concluyó - es lo que se encuentra en el otro fiel de la balanza".

- Imagine por un momento que Castro muere o es derrocado. ¿Qué país encontraría a su regreso?

- Si tal cosa sucede, no voy a regresar a Cuba en el primer avión. Quienes deben retornar son los ingenieros, los constructores, la empresa privada, los economistas, no los escritores, que siempre sobraron. No tengo duda de que los intelectuales que han dado su apoyo al régimen de Castro se pondrán de parte del nuevo gobierno, como ya sucedió, por ejemplo, en España.

GUILLERMO CABRERA INFANTEESCRITOR