Internacional

Se busca: voluntad política

Desde el inicio de la segunda Intifada, en septiembre
de 2000, la espiral de violencia en Oriente Medio
ha crecido a la misma velocidad con la que se
desvanecen las posibilidades de un acuerdo entre las
partes que garantice una paz duradera.


28/abr/02 23:05 PM
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Aunque geográfica e históricamente el conflicto árabe-israelí queda lejos de Canarias, la gravedad de la situación en los territorios ocupados obliga a un análisis de la llamada cuestión palestina. Una reflexión hecha desde las Islas, por personas que viven en ellas y que sienten el irresoluto problema con la pasión de quien sabe que en aquella zona no sólo se lucha por la vida, sino por el futuro de ambos pueblos y donde está en juego la estabilidad de una región muy sensible a los hilos de la geoestrategia.

EL DÍA sentó en torno a su última mesa de debate a José Abu-Tarbush, palestino, sociólogo y profesor de la Universidad de La Laguna; Cayetano Rafael Barreto, periodista y de confesión judía; Lola Serrano, profesora de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de La Laguna y José Adrián García Rojas, profesor de Ciencia Política, también de la Universidad de La Laguna.

Después del inicio de la segunda Intifada en septiembre del año 2000 - provocada por la visita del radical nacionalista Ariel Sharon a la Explanada de las Mezquitas en Jerusalén - la violencia ha ido creciendo a la misma velocidad que se alejaban las posibilidades de una entente entre árabes e israelíes. ¿Pero hay todavía alguna vía de esperanza para reconducir las enconadas relaciones y alcanzar la paz?

En opinión de José Abu-Tarbush se ha llegado a un punto de no retorno, provocado por el incumplimiento continuo por parte de Israel de las resoluciones internacionales y de los propios acuerdos donde se sentaron las bases para una negociación. Lo que no obsta para que haya alguna vía de solución, pero que, en cualquier caso, vendría dada de manera inicial con una intervención exterior y con la presencia de fuerzas de interposición, o con acciones de presión a Israel, más allá de la diplomacia y la retórica. El sociólogo, que detalló los hitos más recientes del conflicto, muchos de ellos historias de desencuentros, señaló que ninguna de las partes puede aspirar a que se respeten la totalidad de sus demandas. En este punto recordó que tanto en sectores palestinos como israelíes hubo reparos a los acuerdos de Oslo de 1993 (que incluían básicamente el reconocimiento del Estado de Israel y la autonomía de Gaza y Cisjordania) pero con el agravante de que aquéllos que se oponían por parte de Israel están ahora mismo en el gobierno.

Denunció también la existencia de un doble rasero en las relaciones internacionales y la quiebra de la institucionalización de la sociedad internacional y del derecho a favor de la fuerza; de un estado militarista que cuenta, según dijo, con la complacencia y la complicidad de Estados Unidos.

Cayetano Rafael Barreto aseguró, por su parte, que todavía hay esperanza para la negociación, siempre que exista la voluntad política entre las partes y se determine la renuncia a utilizar la guerra como medio de persuasión. La violencia, a su juicio, no conduce a ninguna parte y se mostró partidario de hacer un "lugar para los muertos y las víctimas de ambos lados", porque si bien puede ser legítima la lucha por la tierra "dan (en referencia a los extremistas) donde más duele". Aseguró también que se hace muy duro vivir en aquella zona pensando que a tu lado te puede explotar una bomba. En este punto, Abu-Tarbush indicó que ese tipo de acciones no conducen a nada, "sino que son moralmente condenables y políticamente contraproducentes".

En opinión de Barreto, la situación actual es consecuencia de la segunda Intifada, que provocó la dimisión del entonces primer ministro Ehud Barak y se tuvo que convocar elecciones anticipadas.

José Adrián García Rojas destacó durante su intervención en el debate que uno de los problemas de Palestina es que está bastante sola y casi más después de los atentados del 11 de septiembre. De ese momento, recordó la imagen de Arafat tembloroso, porque sabía lo que se le venía encima. "El problema es que es difícil aunar voluntades, pero es lo único que queda", indicó el profesor, para quien Estados Unidos es el único que podría presionar a Israel a entrar en una posición de diálogo y permitir que el pueblo palestino tenga el acceso expedito para la proclamación de su Estado. García Rojas entiende, en cualquier caso, que el viento de la historia es el que es y que al final no habrá más remedio que vertebrar esa solución, porque, de lo contrario, "¿qué haces con todos los palestinos?".

Otra posibilidad sería la proclamación unilateral, que según la opinión del sociólogo Abu-Tarbush no serviría de nada bajo una ocupación militar, sin soberanía y, por tanto, sin poder ser reconocido como tal.

Otro punto delicado de la discusión es la respuesta, en opinión de algunos, desmedida de Israel a los actos terroristas y con acciones de difícil comprensión, como la destrucción del Instituto de Estadística, construido con dinero europeo, el aeropuerto de Gaza, financiado gracias a la aportación española, o el Registro de la Propiedad, un órgano que tenía más de 150 años. Todas estas acciones, en opinión de Abu-Tarbush, de García Rojas y de la profesora Serrano constituyen un "memoricidio", que también a juicio del primero quiere borrar toda huella de la historia de los palestinos y de su territorio, cuando lo que se tenía que haber diseñado (en un escenario internacional donde no existe ya la Guerra Fría) era un acuerdo sobre la retirada israelí y la creación de un estado palestino en una tierra en la que debían coexistir ambos y en el 22 por ciento de la Palestina histórica.

Holocausto

También en el debate se introdujo la palabra "holocausto", con la lógica discrepancia de Cayetano Barreto. Fue la profesora Serrano quien aludió a ella en referencia a que ese puede ser el sentimiento de la población palestina en ese momento. Así, aseguró que "la solución viene de una manera política, con voluntad, pero ahí subyace una opresión y una idea de dominio que tiene base clara y es el no reconocimiento del otro; no se reconoce la identidad del otro y por eso hay un dominio y opresión constante".

Una situación que ha provocado que ahora mismo "cualquier pibe de una clase media pueda ser ya una persona preparada para atentar, porque estamos ante una situación de un pueblo desesperado y esa desesperación aumenta conforma aumenta la violencia política que practica un Ejército de un estado democrático que se ha proclamado laico", según indicó la profesora.