Santa Cruz de Tenerife

La rambla Ravenet, proyecto inacabado


10/may/02 23:30 PM
Edición impresa

En 1860, el gobernador civil Joaquín Ravenet, apoyado por el comandante general Narciso Ametller, volvió a emprender la urbanización de la plaza de Candelaria, como ocurrió en innumerables ocasiones con este espacio, que nunca acababa por ser del agrado de las autoridades, y de sus contornos, esta vez sobre unas bases diferentes a las anteriores, según describe el historiador Alejandro Cioranescu en su "Historia de Santa Cruz".

El proyecto supuso la elevación de la plaza, que solucionó el desnivel existente, como forma de crear una auténtica plaza mayor en la Ciudad, de la que carecía y con la que aún no cuenta. Pese a que se creó un amplio espacio, quedó una importante inclinación entre ésta y la entrada al muelle.

Manuel Oraá

Posiblemente, según el autor, fue Manuel Oraá quien salvó el desnivel con un muro de contención rematado por una verja de hierro que cerraba a modo de terraza la salida en dirección al castillo.

Ravenet consiguió que el capitán general mandase ensanchar el paso porque era camino obligado de los transportes que iban y venían del muelle.

De este modo, se formó más allá de la plaza una vía más baja pero bastante ancha, que recibió el nombre, precisamente, de Ravenet.

La circulación de los vehículos entre el muelle y la calle del Castillo fue asegurada por la calle que corría a lo largo del costado Sur de la plaza y cuya rasante siguió tal y como estaba antes de la reforma para desembocar en la rambla de Ravenet.

"Compuesta y sin plaza"

El lado opuesto de la plaza no tenía más comunicación con ella que una escalera, pero se continuaba directamente con la calle La Marina, cuyo nivel había sido elevado hasta la altura de la plaza, continuándose para este efecto el muro de contención hasta llegar a la esquina de la calle San Felipe Neri (actualmente denominada Emilio Calzadilla). La Ciudad se había quedado, en palabras de Alejandro Cioranescu, "compuesta y sin plaza".

Por su parte, Leandro Fernández de Moratín escribía en 1897 que existía en aquellos años en la Capital el proyecto de reforma de la entrada al puerto, mediante la construcción del parque de La Marina y la rambla Ravenet.

El primer tranvía, en 1901, recorrió en su inauguración, precisamente, esa vía, desde donde subió por la calle del Castillo hasta La Cuesta y La Laguna.