Venezuela
DESDE LA OCTAVA ISLA JULIÁN A. HERNÁNDEZ

Si tú no me quieres a mí, ¿por qué te tengo que querer yo a ti?


10/may/02 23:31 PM
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CREEMOS QUE DESPUÉS de los acontecimientos que se han desarrollado en Venezuela, el Gobierno de Canarias, representado por nuestros parlamentarios, senadores y diputados, de una vez por todas deben de dejar de tomar la situación de los canarios de Venezuela como si solamente fuesen una fuente de votos, y motivo, en la mayoría de los casos, de viajes y cuchipadas.

Lo mismo que al Gobierno de Venezuela se le ha puesto en el predicamento de que o rectifican sus formas de dirigir la Nación o se van. De esta misma manera, debemos ir planteando los canarios de Venezuela lo mismo, con respecto a las erradas políticas que hemos venido sufriendo. Desde luego, estos errores debemos achacárselos a los enfoques por desconocimiento de la realidad sobre el canario - venezolano, pensando solamente en el que ha permanecido en los niveles económicos y sociales más bajos dentro de la sociedad venezolana, que afortunadamente son los menos.

Señor presidente Don Román Rodríguez, Sr. consejero de Relaciones Institucionales, Don Francisco Aznar Vallejo, personas éstas responsables, desde el Ejecutivo del Gobierno, de las políticas dirigidas hacia ese enorme caudal que representa la Octava Isla.

En este momento, hemos llegado a la realidad de la vida. La dirección que desde el Gobierno venezolano se estaba tomando, con una clara e inequivocable implantación de un sistema comunistoide, a semejanza del implantado en Cuba, con los resultados que sobre todo los españoles hemos sufrido en carne propia, pues hoy en día viven más de 40.000 españoles mayores de 65 años en las casas de la Tercera Edad y asilos administrados por la Seguridad Social española, a los cuales, en el Mar de la Felicidad, les robaron sus esfuerzos y sus vidas, en aras de una utopía que, después de 40 años, sus resultados no son más que exilio, hambre y prostitución. Como lo han podido comprobar muchísimos viajeros, incluyendo los amorales practicantes del turismo sexual, que vergonzosamente en gran número son procedentes de Canarias.

Las marchas que se produjeron los días 10 de diciembre 2001, 23 de enero 2002, y las de los días trágicos de abril 2002, son la reacción a la promulgación de las 49 Leyes que el Ejecutivo ha autorizado por la Ley Habilitante, entre media noche y el día, o sea un madrugonazo, refrendó dentro del paquete de dichas leyes, como en la venta de lechosas (papayas), fueron puestas al precio de a bolívar unas por otras. Hay leyes en el lote totalmente necesarias, pero hay unas, como las Leyes de Tierra y sobre la Propiedad Privada, que hizo que los venezolanos de todas las clases sociales, y seis millones y medio de residentes de la Unión Europea, entre ellos 3,5 millones de españoles. A éstos ya los habían, cuarenta años antes, esquilmado con lo sucedido en Cuba.

El significado y el rumbo que se trataba de marcar con la aplicación de estas leyes, hicieron que, después de permanecer más de 50 años indiferentes a los avatares de la política venezolana, salieran a dar la cara bajo la consigna de "Ni un paso atrás".

La posibilidad de la instauración de un régimen castrista, ante esta reacción de la Nación venezolana, afortunadamente ha sido abortado. Se ha obligado a la rectificación al presidente y todos los indicios nos señalan que sí se ha iniciado la rectificación. Por lo tanto, comienza una nueva etapa de calma social y bienestar económico, pero con una novedad, que ahora es una Nación homogenizada, pues la política de enfrentamientos creada desde la Presidencia de la República, entre pobres y ricos, no tendrá asidero, y después de esta lección, donde le vimos los dientes al lobo, ya se conciliarán las políticas sociales impulsadas por Chávez y añadirles las que sean necesarias, pues Venezuela tiene para todos.

Desde esta columna, por favor, señores senadores, diputados por la Autonomía Canaria, dejen de jugar al parlamentarismo insulso, mójense. Obliguen que se promulguen las leyes que están engavetadas atenientes a la condición legal de los españoles en el exterior, en este caso de los canarios. Por ejemplo, no es posible que un matrimonio joven que ha llegado, en este caso a Venezuela, les nacen sus primeros dos hijos cuando aún tienen la nacionalidad española, y como miles, por razones del cumplimiento de las leyes venezolanas, reciben la nacionalidad de este país, y le nacen dos hijos más. Los dos primeros pueden recibir la documentación como españoles, pues la nacionalidad de los padres se les transmite por la sangre como indica la definición de nacionalidad según la Constitución Española, pero los otros dos, por haber nacido cuando sus padres tienen la nacionalidad venezolana, y por una interpretación de un burócrata, la sangre de los padres, que es la que da nacionalidad, es borrada por la Constitución Española a su criterio. Dígannos cómo se come eso.

Hay como una especie de terror a que se produzca un retorno masivo hacia las Islas de nuestra gente de Venezuela. No es así. Regresarán los que perdieron todo por fenómenos meteorológicos, o por los saqueos de sus bienes, pero la grandísima mayoría, si se les ayuda, no lo harán y para evitarlo, dennos calidad nacional y apoyo financiero para desarrollar nuestros negocios, que la Caja de Canarias, por solidaridad con los miles de clientes que han depositado su confianza en esa institución, reciban tratamiento como si estuvieran en las Islas. Que nos sintamos protegidos legalmente a través de nuestra nacionalidad, la cual es reconocida por la Constitución Bolivariana de Venezuela. Que podamos contar con el apoyo de la Unión Europea, esto evitaría el retorno tan temido.

DESDE LA OCTAVA ISLA JULIÁN A. HERNÁNDEZ