Canarias
MANUEL ALCAIDE ALONSO DIPUTADO DEL COMÚN

"La inmigración ya nos ha desbordado"

Asegura que, pese a las críticas recibidas cuando empleó el término "invasión", lo ocurrido después le ha venido a dar la razón, pues los centros de atención están saturados.

JORGE ESPINEL, S/C de Tenerife
12/may/02 16:27 PM
Edición impresa

Casi cuatro meses después de haber tomado posesión como Diputado del Común y llamar la atención sobre el problema de la inmigración, "un problema - según dijo entonces - cuya solución no es sencilla, porque estamos siendo invadidos por una serie de pueblos, no sólo de África, sino también de América", Manuel Alcaide vuelve a poner el dedo en la llaga al afirmar que "en Canarias, realmente, estamos desbordados" por este fenómeno.

- Seguramente, uno de los asuntos que más quebraderos de cabeza le han ocasionado a lo largo de su corta etapa como Diputado del Común ha sido el fenómeno de la inmigración. A punto de cumplir su cuarto mes al frente de esta Institución y tras haber comenzado su mandato con unas declaraciones que suscitaron cierta polémica, ¿cómo ve la situación? ¿Está satisfecho con lo que se ha hecho?

- Bueno, antes de nada, tengo que manifestar una vez más que lo único que hice fue calificar el aumento de la llegada de pateras e inmigrantes irregulares como una invasión, pero también señalé que al Diputado del Común lo que realmente le preocupaba era la defensa de los derechos humanos y fundamentales de estas personas. Lo que pasó es que cortaron mis declaraciones y afirmaron que dije que estamos siendo invadidos. Muy bien, quizás fue una exageración utilizar ese término, pero, al final, los hechos me han venido a dar la razón, porque la primera preocupación que hoy en día tienen nuestros gobernantes es precisamente este fenómeno. A lo largo de estos meses he escuchado declaraciones de destacados dirigentes políticos hablando de que las Islas no soportarían en dos años 14 mil inmigrantes más; la africanización de Canarias; o pidiendo solidaridad, no sólo a las regiones españolas, sino también a las europeas, para integrar a los inmigrantes que llegan al Archipiélago. Se está produciendo un fenómeno importante y tendrán que afrontarlo de una manera directa.

- ¿Se está abordando o es un hecho que se queda en meras declaraciones?

- Ése es otro tema. En Canarias, realmente, estamos desbordados. Los centros de asistencia de las ONG ya no pueden acoger más inmigrantes. Pero este fenómeno no es sólo nuestro, pues está ocurriendo también en Melilla, como podemos ver en la Prensa, en Ceuta y en la zona del Estrecho, aunque ahí menos, porque ahora los desvían más hacia aquí, pero también sucede.

Desequilibrios importantes

- ¿Qué soluciones propone usted?

- Ésta es una cuestión de la Unión Europea y lo tienen claro, pues ya están manteniendo reuniones para intentar frenar y controlar este fenómeno. La inmigración ilegal o irregular es muy difícil de admitir, pues, cuando está controlada, se sabe lo que se necesita para el equilibrio que debe existir en todo pueblo, pero si no es así, se producen o pueden producir desequilibrios importantes y puede dar lugar a fenómenos como el de Le Pen, en Francia, o de Fortuyn, en Holanda. Ésos sí que corren riesgos, porque, en algún momento, la población puede verse inquietada, tanto laboralmente como socialmente, con la convivencia de los inmigrantes cuando el número es superior.

- ¿Aquí se puede llegar a esa situación?

- En principio, no, porque los que vienen, sobre todo los magrebíes y los subsaharianos, están de paso. Quizás sean los colombianos, ecuatorianos e incluso de los países del Este los que vengan a residir. Éste es otro asunto, porque ahora estamos preparando la entrada de los países de Europa del Este en la UE y, entonces, la libre circulación de ciudadanos tampoco la vamos a poder impedir, con lo cual, estamos expuestos a estos vaivenes.

- ¿Y, entonces, qué se puede hacer?

- Ahora, hay una formación política, Coalición Canaria, que pretende limitar el número de residentes en el Archipiélago, una cuestión que supera todavía al problema de la inmigración. Es una propuesta que tendrá que saltar a la palestra, para que sea discutida por las fuerzas políticas y ver las fórmulas que pueden aplicarse para resolver esta situación. En principio, limitar la residencia parece que es inconstitucional. Habrá que buscar fórmulas, aunque no sé si las hay jurídicamente.

- ¿Como ex presidente del Tribunal Superior de Justicia de Canarias, ve viable esta iniciativa?

- Desconozco un poco este tema. Lo que he oído son datos sobre el aumento de la población, no ya por la inmigración, sino por el incremento de los propios residentes y los pronósticos es que en el año 2050 estaremos sobresaturados. Supongo que las entidades y nuestros dirigentes políticos pensarán y tendrán que tomar medidas para ver cómo vamos a poder convivir. - Pero legalmente... - Desde el punto de vista legal, habrá que buscar las fórmulas que la hagan viable, incluso declarando a las Islas territorio de excepción, que puede ser visitado, pero se limita efectivamente la residencia normal o se impide por la carestía del suelo, a través del propio contenido de las leyes económicas. Un cargo muy complejo - En estos casi cuatro meses que lleva usted ostentando el cargo de Diputado del Común, ¿cuáles son las cuestiones que más le han sorprendido de esta Institución? - Es un puesto muy complejo, que tiene dificultades, porque está muy quebrado, precisamente, como consecuencia de la geografía del Archipiélago, pues las quejas se presentan en las siete Islas y en todas ellas hay una oficina del Diputado del Común que hay que visitar. Eso exige estar en permanente movimiento si se quiere tener conocimiento de las diferentes quejas que llegan a la Institución. - ¿Hay algo que le haya llamado la atención de forma singular? - Quizás la falta de quejas. Son mil las que se presentan al año y eso podría llevarnos a pensar que la actividad de la administración pública es muy buena, pues esta cifra es muy baja para lo que, aparentemente, sucede en la realidad. Es posible que la falta de conocimiento público de esta Institución sea la causa de que la gente no acuda con más frecuencia a exponer sus dificultades con la administración. - ¿De esas mil quejas, en qué hechos incide más la gente? - Las áreas de las que más reproches se reciben son justicia, sanidad, educación y servicios sociales. Luego están también las de menores y mayores, que también hay cierta abundancia de quejas, aunque, repito, no excesivas. - ¿Esa cifra tan baja puede deberse también a la falta de confianza de la población en la labor que puede desarrollar la Institución? - Es posible, pero, sobre todo, lo que existe es ignorancia acerca de la finalidad del Diputado del Común. La gente piensa que es un ser que lo puede todo y, en la realidad, está para controlar la labor de la administración. No tiene ninguna misión ejecutiva y no puede revocar las disposiciones. Lo único que podemos hacer es que cuando vemos que la administración no ha actuado, recomendarle soluciones adecuadas para resolver su problema. No cuesta nada - Quizás sea eso lo que desmotiva a la gente, que no tiene la seguridad de que su demanda va a ser resuelta. - Sí, pero muchas veces se soluciona solamente con la intervención del Diputado del Común, porque, quieran o no, las administraciones públicas respetan su figura, ya que, al final, su actividad puede trascender públicamente. Su ineficacia puede hacerse pública cuando se da cuenta al Parlamento de Canarias. Incluso la Cámara puede recoger en su Boletín Oficial la inoperancia. - ¿Se siente arropado por las distintas administraciones públicas de la Comunidad Autónoma? - En general, lo primero que estoy intentando en efectuar un acercamiento, para ver la mejor forma de coordinar nuestra gestión. Porque entre las características del Diputado del Común está, en primer lugar, que es un servicio gratuito, su intervención no cuesta nada. Y, en segundo lugar, la rapidez. Pero nuestra labor sería ineficaz si nosotros tenemos dificultades para comunicarnos con las administraciones públicas y éstas tardan en contestarnos. Hay que tener en cuenta que, muchas veces, lo que el ciudadano pretende es que le den una respuesta a lo que quiere. - Decía usted que el bajo número de quejas podía llevar a pensar que la administración funciona bien, pero ¿qué opina Manuel Alcaide? - Que hay dispersión. Es muy difícil, sobre todo, cuando existe la administración autonómica, la de los Cabildos y la de los Ayuntamientos. - ¿Cuando utiliza el término dispersión, se refiere a que hay demasiados órganos? - Sí, hay demasiados órganos, a pesar de que se hablaba de la ventanilla única. - ¿Cómo lo remediaría el Diputado del Común? - Para mí todavía es pronto y tengo que serenarme, porque el cargo es por un periodo de cinco años. En este momento, estoy todavía conociendo la Institución. Ahora mismo estamos preparando la memoria del año 2001 y eso es un trabajo complejo, porque hay que estar preparado para dar respuesta a las preguntas que los parlamentarios puedan hacer el día que se presente. La rapidez necesaria - ¿Cuándo tiene previsto hacerlo? - A principios del mes de junio. Una vez más, también quiero decir que estoy como acomplejado por presentar una memoria con tanto retraso, aunque, realmente, yo no he tenido la oportunidad de hacerlo antes. Ya he indicado que mi idea es que, si el tiempo lo permite y Dios nos protege, el año que viene sea en el mes de febrero o, a más tardar, marzo. Quiero que las cosas sean efectivas y se hagan con la rapidez necesaria, porque no tiene sentido presentar en el mes de junio la memoria del año anterior. - A los retrasos estamos acostumbrados. - Admito y creo todo, pero en lo que es el ámbito de mis competencias, quiero que las cosas estén en su punto. Ahora estamos estudiando y preparando la memoria, pero inmediatamente tendremos que ir marcando los objetivos. - ¿Por ejemplo? - Ahora mismo tenemos abierta una investigación de oficio muy interesante sobre el transporte público terrestre en las Islas para los viajeros que tengan más de 60 años.
MANUEL ALCAIDE ALONSO DIPUTADO DEL COMÚN