Tenerife

Inmigración: ¿dejarán a Canarias ser Unión Europea?


12/may/02 12:02 PM
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PODRÍAMOS ASEGURAR que en EL DÍA no nos hemos aletargado con parsimonias ni poses de falsedad caritativa en el fenómeno de la inmigración. Las mesas redondas celebradas, las encuestas a los ciudadanos, las plurales colaboraciones y los diferentes criterios divulgados en las columnas del periódico, la reiterada invitación a que el debate social no decaiga, nuestras críticas y sugerencias a quienes rigen las instituciones públicas, según nuestro leal saber y entender periodístico... han sido continuas. Razonadas. Viables. Y así seguiremos.

Reconocemos que algunas de las exigencias que, hace meses, formulamos cayeron en saco roto o entre conductas huidizas y encariñadas con el proceder de las avestruces. Por ejemplo, invitamos a las Administraciones a la urgente coordinación de esfuerzos y a que no cayeran en el error de la estéril confrontación maniquea y simplista. Pues, nada, las insuficientes y diferidas medidas adoptadas que encaucen y alivien el panorama en Canarias, aparte de aún aletear en proyectos a medias y no ejecutados, han estado salpicadas de altercados propios de patio de Monipodio. De ciudadela gárrula, chillona, desbaratada. Mientras el flujo de recién llegados deviene en inexorable.

A contracorriente de la mayoría de la clase política y de los colegas, apoyamos al Diputado del Común, cuando a éste se le quiso malinterpretar la voz de alerta sobre la avalancha, imparable y bien visible. Hubo quien hasta zascandileó con su cese por haberse "atrevido" a elevar el mensaje realista, sincero, pragmático, previsor en torno a la gravedad del alud migratorio. Hoy nos honramos con traer, de nuevo, a las páginas del periódico las palabras de Manuel Alcaide, quien cosechó tanto prestigio en la magistratura como lucidez responsable ha demostrado desde que accedió al cargo de alto comisionado del Parlamento Autónomo.

ANTE LA AFLUENCIA de los "sin papeles" y de los "documentados", que empieza a ser, en efecto, desbordante para el tamaño y las circunstancias de las Siete Islas, ¿cómo reaccionan la UE y el Reino de España en conjunción con las Administraciones de nuestra Comunidad Atlántica?

No está fuera de lugar la creación del Cuerpo Europeo de Policía de Fronteras, aunque habrá que ver cuántos efectivos vendrán destinados y cuándo a este Archipiélago. ¿Con iguales déficit que en los recursos personales y de infraestructuras ya soporta Tenerife, sobre todo, en materia de seguridad?

Tampoco sobran las negociaciones en aras del documento marco Euromed-Justicia e Interior, con su capítulo genérico migratorio. Ni parece ociosa la convocatoria a Marruecos, Túnez y Argelia, con objeto de intercambiar informaciones, en el seno del Consejo de la UE, a finales de este mes de mayo.

SIN MERECER NINGÚN DESPRECIO ésas y otras iniciativas, no obstante ya navegan en la insuficiencia. No responden a las particularidades canarias.

¿Cómo evaluamos que si el Gobierno de Canarias mantiene que hay que limitar la residencia en nuestras Islas Atlánticas, el socialista grancanario López Aguilar obstaculice la posibilidad, jaleando la Constitución Española y el Derecho comunitario? ¿Qué responderle al portavoz del comisario Vitorino, que niega la mayor y agrega que tales restricciones "no se dan en la Unión Europea"?

¿Ah, no? ¿Y acaso en algunas islas suecas y en el archipiélago finés de las Aland, de plena incorporación a los "Quince" en 1995, no sólo se nos prohíbe hoy el residenciarnos allí a los demás ciudadanos comunitarios, sino hasta la voluntad de adquirir ni un solo metro de aquellas tierras? Ese precedente, ¿no le está permitiendo a Estonia, Estado todavía candidato, el reivindicar idéntica excepcionalidad futura para sus islas del Báltico?

PASADO MAÑANA, en nombre del Consejo, el vicepresidente Mariano Rajoy asistirá en el Parlamento Europeo, reunido en Estrasburgo, a una sesión en la que se hablará de los movimientos migratorios "ilegales". ¿Qué interlocutores razonarán incluso de los "legales" y de la insoportable presión demográfica que se cierne sobre este alejado y reducido Archipiélago Atlántico?

Pudo haber imprevisiones negociadoras en los días en que nos hicieron de la UE. Pero, al margen de la letra de los textos, el espíritu de la integración no fue otro que el de que siempre serían respetadas las peculiaridades de Canarias. Al fin, las leyes y los tratados han de servir al bien común de las personas y de los pueblos, jamás al revés. ¿Qué políticos de talla y cómo nos armonizarán los derechos a los isleños, actualizándolos, como ciudadanos europeos?