Vivir

Un verano de alto RIESGO

Los responsables de prevenir y extinguir incendios en
nuestros bosques están que arden, porque todos los
elementos se han puesto en contra y la posibilidad
de que haya fuego es muy alta. Encima, las nuevas
modas de la población urbana ayudan más bien poco.


EL DÍA, S/C de Tenerife
12/may/02 23:36 PM
Edición impresa

El riesgo de sufrir incendios forestales este verano es alto, ya que las lluvias del invierno y de la primavera han alimentado los pastos y los matorrales de la Isla se encuentran muy crecidos. En definitiva, va a haber demasiado combustible y cualquier descuido podría resultar fatal.

Para evitar y atajar cualquier conato, las diferentes administraciones -estatal, autonómica, insular y localya tienen preparados los dispositivos adecuados, nunca suficientes y siempre mejorables, pero diseñados a base de trabajo, esfuerzo y mucha imaginación.

Los intervinientes en el debate de EL DÍA, Wladimiro Rodríguez Brito, consejero insular de Medio Ambiente; Julio Herrero, jefe del Servicio de Inspección de la Consejería de Política Territorial; y José Francisco Damas, primer teniente de alcalde del Ayuntamiento de El Rosario, coincidieron en señalar que la coordinación es la mejor arma para luchar contra el fuego y se refirieron a la necesidad de concienciar a la población urbana de los peligros que conlleva acudir en masa a los montes de Tenerife.

Numerosas causas

Wladimiro Rodríguez Brito aseguró que el Cabildo ya se encuentra en prealerta, aunque la campaña comenzará a mediados del mes de junio.

En su opinión, los principales factores de riesgo son la escasa presencia de ganado y el consecuente descenso del pastoreo -lo que deja a la Isla con la mayor cantidad de combustible de los últimos 300 años-, la abundancia de pinocha, la superpoblación forestal, las fiestas con pirotecnia y las chuletadas. Al consejero le preocupa también la presencia en el campo de ciudadanos con cultura urbana, la quema de rastrojos -aunque los agricultores han ido aceptando los controles- y los incendios intencionados, bien por rencillas entre propietarios de terrenos, bien por parte de pirómanos. Todo ello, en su opinión, complica la prevención.

José Francisco Damas, que vivió y sufrió el terrible incendio de La Esperanza de 1995, estuvo de acuerdo con la relación enumerada por Rodríguez Brito y añadió otros factores de riesgo, como la presencia por los montes de vehículos todoterreno, pero quiso dejar claro que en Tenerife, a diferencia de la Península, la mayoría de los incendios no son provocados, porque la gente esta mentalizada de la importancia de los montes.

Sobre los medios humanos y materiales, dijo que el problema no es si son escasos o no, sino si están bien coordinados y localizados. Reconoció además las mejoras logradas desde 1995 en este sentido.

Julio Herrero se refirió a la jerarquización como factor fundamental a la hora de atacar un incendio. "Debe existir un director de extinción y cada uno debe conocer su función a la perfección". En su opinión, la experiencia ha llevado a las administraciones a coordinarse y hoy en día se sabe quién apaga un fuego.

En cuanto a los factores de riesgo, mencionó a los fumadores, las negligencias de algunas personas y la presión que soporta el monte.

Cambio cultural

Rodríguez Brito habló también de los medios disponibles. Dijo que los existentes son muy importantes, pero subrayó que no se resuelve todo con ellos y lo que de verdad se precisa son cambios culturales; es decir, concienciar a los "urbanitas" de los peligros de acudir en masa a los montes.

Rememoró el incendio de La Esperanza, en el que los espontáneos, lejos de ayudar, complicaron las labores de extinción, y señaló que ahora se está formando a los voluntarios y, en caso de emergencia, acudirán al lugar con profesionalidad.

Del voluntariado habló también Julio Herrero, que destacó la importancia del protocolo de coordinación.

Damas, por su parte, resaltó la labor del Ayuntamiento de El Rosario, que cuenta con numerosos voluntarios preparados y, en otro orden de cosas, mencionó la mentalización en los colegios y la concienciación ciudadana en general como los mejores instrumentos para evitar incendios en nuestros montes.