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Entregados los premios de Investigación Histórica "Antonio Rumeu de Armas" y de Periodismo "Leoncio Rodríguez"


EL DÍA, S/C de Tenerife
18/may/02 12:03 PM
Edición impresa

EL DÍA entregó la noche del pasado jueves los premios de Investigación Histórica "Antonio Rumeu de Armas" y de Periodismo "Leoncio Rodríguez" correspondientes a las ediciones del pasado año y de 2000, en el transcurso de un solemne acto celebrado en el hotel Mencey de esta Capital, que congregó a las primeras autoridades de la Isla y del Archipiélago, así como una numerosa representación de la vida universitaria, económica y social de las Islas.

En la convocatoria de 2000 resultaron ganadores el historiador Luis Cola Benítez, quien obtuvo el "Rumeu de Armas", y el catedrático de Historia de la Universidad de La Laguna Manuel de Paz Sánchez, quien logró el "Leoncio Rodríguez".

Por lo que respecta a la última edición, los distinguidos fueron Carlos M. Estefanía y Montserrat Lluis Serret, con el "Leoncio Rodríguez", ex-aequo, mientras Daniel García Pulido obtuvo el "Rumeu de Armas".

El presidente, editor y director de EL DÍA, José Rodríguez Ramírez, abrió la ceremonia de entrega de premios; posteriormente intervino, por parte de los galardonados, Manuel de Paz, y cerró el turno de intervenciones el presidente del Gobierno de Canarias, Román Rodríguez.

Rodríguez Ramírez pronunció las siguientes palabras:

"Señor presidente de la Comunidad Autónoma de Canarias. Ilustre invitado catedrático y ex director de la Real Academia de la Historia, Don Antonio Rumeu de Armas. Dignísimas autoridades. Señoras. Señores. Amigos todos.

1971. Han pasado treinta y un años, treinta y uno, desde la celebración, en un acto como éste y en este mismo hotel, del Primer Premio de Periodismo Leoncio Rodríguez, de convocatoria nacional, y tres años más tarde, ahora se cumplen 28, incluíamos el Premio Antonio Rumeu de Armas. Don Antonio, fiel a la invitación que siempre le hacemos, también está con nosotros esta noche. Una fotografía que conservo da fe de ese acto de hace, repito, treinta y un años: Francisco Morales Padrón, catedrático de Historia de América, grancanario, recoge su premio, que sería el primer "Leoncio Rodríguez", por su precioso artículo "Siete islas para siete dioses", y Domingo Rodríguez, inolvidable periodista hermano del fundador de La Prensa, pronunciaba las palabras primeras de estas entregas que no hemos interrumpido. Tomé el relevo y hoy, como en años anteriores, me toca por tanto a mí hacer el ofrecimiento de este agasajo a los ahora distinguidos con los Premios "Leoncio Rodríguez" y "Antonio Rumeu de Armas".

Hemos sellado en los preparativos un pacto de brevedad. Es decir, no extendernos en estos preludios con palabras que pueden sonar a conocidas, aunque algo nuevo creo ya he añadido.

Ahora van a ser entregados los galardones a otros escritores que se suman a la lista ilustre y prestigiosa de autores que han concurrido con excelentes trabajos periodísticos a nuestra convocatoria anual. Hoy concedemos los correspondientes a las ediciones XXXI y XXXII y XXVIII y XXIX. Esta noche se acercarán a esta mesa Manuel de Paz y Luis Cola, Premios "Leoncio Rodríguez" y "Antonio Rumeu de Armas", respectiva

mente, para recibir el testimonio de las distinciones.

Manuel de Paz ganó por su trabajo "Tierra Canaria o la búsqueda de la identidad isleña en Cuba (1930-1931)". Y Luis Cola, por su artículo "El Cuartel de San Miguel". Luis Cola recogerá el "Antonio Rumeu de Armas" y Manuel de Paz, el "Leoncio Rodríguez", ambos otorgados en la penúltima convocatoria.

También están aquí para recoger sus reconocimientos Montserrat Lluis Serret, por su artículo "Alunizaje en Canarias" y Carlos M. Estefanía (me parece que personalmente no puede hacerlo por estar actualmente en el extranjero), éste por su trabajo "Tender puentes hacia Cuba", ambos ex-aequo y por unanimidad. Aprovecho para destacar que el jurado de los Premios, a quien nuestra casa y yo agradecemos su asistencia anual a las sesiones, y su presencia aquí en estos momentos, sus componentes se vieron en esta última reunión fuertemente comprometidos para llegar a la conclusión del ex-aequo, tal es la gran calidad de los trabajos; y el joven articulista Daniel García Pulido, por su investigación, por su acercamiento a la figura de Fernando Fernández de Lugo, hijo del Primer Adelantado, realizado bajo el título "¿Leyenda o realidad?". Ambos, fueron merecedores de las apreciadas distinciones, y los tres premiados, repito, por unanimidad. El trabajo de Montserrat Lluis Serret fue publicado en el diario "El Correo Español El Pueblo Vasco" y los demás, en EL DÍA.

Escribo estas cuartillas con interés, con agrado, pero haciendo uso de la memoria. Puede ser que haya intercalado alguna incorrección. Ojalá que no.

Nada más. Y entro en el apartado de reconocimientos. Gracias: a las autoridades que se sientan con nosotros, con nuestra empresa y nuestros amigos y colaboradores; gracias a todos los presentes porque nos animan para continuar con estas convocatorias: dentro de unos días aparecerán las próximas, es decir, la trigésimo tercera (XXXIII) y la trigésima (XXX); gracias a la Dirección y personal de este hotel que desde antiguo nos atienden con exquisitez; de nuevo, gracias a este jurado de hace muchos años, que, afortunadamente, sigue sin alterar su composición. Y ojalá que sea por siempre. Disculpen alguna probable omisión, y gracias, otra vez, a todos".

A continuación, tomó la palabra el catedrático Manuel de Paz Sánchez, quien dijo: "El periódico La Prensa fue la obra personal de don Leoncio Rodríguez que, con espíritu titánico, decidió erigir en la capital de Canarias un periódico que sirviera de vehículo a la información relacionada con Tenerife y con el resto de las islas, pero, también, un medio cultural, cumpliendo así la vieja máxima de formar e informar. Nunca, en toda su historia, el diario de don Leoncio Rodríguez dejó de preocuparse por las manifestaciones culturales de Canarias y, por ello, protegió y aplaudió tanto sus formas cultas y refinadas como las más tradicionales del acervo popular y etnográfico. Nunca dejó de informar de las celebraciones culturales, ni de exaltar las fiestas del libro ni, desde luego, las conmemoraciones más relevantes de la historia insular. Sus páginas están salpicadas de relatos literarios, de recuerdos nostálgicos por el pasado isleño y de amor por todas y cada una de las Islas del Archipiélago y, desde luego, también demostró gran preocupación por la labor de los canarios fuera de sus islas, hasta el punto de dedicar centenares de artículos y diversos números casi monográficos a la presencia de los canarios en América y en otros lugares del mundo. Fue un periódico ágil y culto en la época del periodismo heroico, especialmente si tenemos en cuenta las circunstancias tan difíciles por las que atravesaron las islas, el resto de grandes reajustes, intensas ilusiones y profundas incertidumbres. Esta realidad y este mensaje deben acompañarnos en estos momentos, cuando la ciudad que vio nacer y que acogió con tanto cariño a esta empresa informativa y cultural, renovado a diario por la fidelidad de los lectores, acaba de sufrir las consecuencias de una catástrofe natural de la que, como siempre, se recupera con optimismo y gallardía.

Leoncio Rodríguez nunca traicionó sus ideales y, sobre todo, nunca fue desleal con su profesión y, por lo tanto, consigo mismo. Sus páginas, las páginas de su periódico que viene a ser lo mismo, siempre estuvieron abiertas a la libertad de información y a la crítica constructiva y ponderada.

A la distancia de noventa y dos años no resulta difícil para el historiador y para el cronista, dada la serena paz de la perspectiva temporal, alabar las hazañas de este periódico glorioso, pero, si nos sumergimos en sus páginas, siempre sugerentes, vivas y como negándose a perecer, resulta aún más sencillo descubrir en ellas el complejo tejido de la existencia cotidiana en nuestras islas, sus preocupaciones, tristezas y conquistas, sus deseos de mejorar, toda un rica variedad de situaciones y de anhelos, y, por encima de todo, un trabajo riguroso y honesto, alejado de las miserias humanas. Un periodismo limpio y claro como la mente que lo inspiró durante décadas, y cuya memoria, siempre viva, siempre presente, debe servirnos de perpetua referencia moral.

La Prensa apareció por vez primera el 15 de octubre de 1910, impresa en cuatro páginas unidas en dos grandes hojas cuadrilongas, de sesenta y siete por cuarenta y cinco centímetros de perímetro, y al precio de cinco céntimos. Poco a poco, tal como ha subrayado Julio Yanes, el periódico, de buena factura, comenzó a enriquecer sus secciones; estableció corresponsales en la Península, como el madrileño Salvador Cánovas y, pocos días después de salir a la calle, se convirtió en matutino.

Algún tiempo después, sobre todo en vísperas de la I Guerra Mundial, el periódico presentó una creciente apertura hacia los temas foráneos, mientras que los contenidos isleños continuaron abarcando todo lo relacionado con el Archipiélago, si bien con especial referencia a la capital insular y provincial (hasta 1927).

Superada la contienda mundial con sus naturales secuelas, no sólo desde una perspectiva técnica y material dada la escasez de papel que acabó produciéndose, sino también desde el punto de vista de los contenidos por cuanto la información relacionada con el conflicto adquirió un destacado protagonismo, el periódico no tardó en recuperar su antigua estructura general y, además, se enriqueció con nuevas secciones, robusteció el formato y diversificó sus secciones hasta convertirse en un medio moderno que consiguió mantener e incrementar el interés de los lectores, lo que hizo de La Prensa el periódico más importante, documentado e independiente de Tenerife y de Canarias.

Don Leoncio, como su heredero en las tareas de dirección del periódico, Don José Rodríguez Ramírez, era un hombre de la tierra que amó profundamente a Tenerife. Se conserva una fotografía en la que el fundador, que lee una conferencia, tiene el aspecto

cálido y apasionado del abuelo bueno, del que lo da todo por la tierra que le vio nacer. Su obra literaria y la promoción de numerosos trabajos bibliográficos sobre nuestro acervo histórico, patrimonial y cultural constituyen la mayor prueba de lo que decimos.

Todos los galardonados esta noche con los Premios Antonio Rumeu de Armas y Leoncio Rodríguez, nos sentimos profundamente complacidos por compartir ese sano orgullo por las cosas de Tenerife y de Canarias.

Don Antonio Rumeu de Armas, que da nombre al premio de Historia otorgado por la Empresa Herederos de Leoncio Rodríguez, editora de EL DÍA en sus distintas manifestaciones mediáticas, constituye un referente ineludible para todos los historiadores canarios. En ocasión no muy lejana tuve la enorme satisfacción de afirmar, sobre este Maestro de Historiadores: "Para un historiador de mi generación, afirmó sin ánimo retórico, hablar de Don Antonio Rumeu de Armas equivale a tener el inmenso honor de tocar la Historia con las propias manos. Pero, más que los merecidos honores, las distinciones sociales o la gloria del triunfo en la siempre agitada - por el proceloso mar de las incertidumbres - República de las Letras, Don Antonio Rumeu de Armas nos parece algo así como una isla rotunda, firme y salvadora en mitad del Océano, sobre todo en estos tiempos del final del milenio en que el mundo se agita por multitud de cambios trascendentales". Él, añadía más adelante, "está ahí, y quiera Dios que por mucho tiempo, porque podemos sentirnos orgullosos de su trabajo todos los historiadores de oficio, y podemos mirarnos al fondo de nuestra alma y sentir la importancia de narrar y pensar nuestras Historias canarias y universales".

Los ganadores, en las dos últimas convocatorias, del Premio Rumeu de Armas son dos estudiosos de uno de los temas más queridos de Don Antonio, temas relacionados con Canarias y con el mundo Atlántico, en concreto acerca de la rica complejidad, circunstancias y repercusiones del famoso ataque de Nelson a Santa Cruz de Tenerife. Don Luis Pedro Cola Benítez y Don Daniel García Pulido han realizado, en este sentido, trabajos muy interesantes sobre este acontecimiento singular de nuestra historia y, desde luego, sobre otros muchos aspectos relacionados con el devenir de Tenerife y de las islas. Separados por algunos años, resulta gratificante observar el interés de ambos por temas históricos de indudable trascendencia y repercusión cultural y mediática. Ambos estudios constituyen una auténtica reconstrucción de sendos hechos relevantes: "El cuartel de San Miguel. Aclaración histórica", realizado con meticulosidad por Don Luis Cola Benítez, y, respecto al segundo de los premiados, Don Daniel García Pulido, la indagación sobre "La muerte de Fernando Fernández de Lugo en La Laguna", un acontecimiento envuelto en la leyenda de las viejas y hermosas calles de la ciudad de Aguere.

Resulta hasta cierto punto curioso que el resto de los premiados, en este caso con el Leoncio Rodríguez, compartamos también nuestro interés por temas en cierto modo relacionados, aunque en distintas dimensiones temporales. Rusia, Cuba y Canarias. Doña Monserrat Lluis Serret, residente en Bilbao aunque nacida a orillas del Mediterráneo, dedicó su trabajo, bajo el sugerente título de "Alunizaje en Canarias" - publicado en El Correo - , a un tema que suscitó el interés nacional: Canarias como zona de descanso de los astronautas rusos cuando vuelven del espacio, al objeto de recuperar la salud mermada por la ingravidez y el trabajo de altura - nunca mejor dicho - con la ayuda de nuestro sol y, sin duda, de nuestro amable trato hacia los millones de personas que anualmente nos visitan. Doña Monserrat Lluis ha realizado diversos trabajos sobre temas de indudable interés social como el tratamiento de la inmigración en los medios de comunicación, obtuvo el Premio Nacional de Periodismo al mejor expediente del curso 1998-1999, ha escrito poesía y ha publicado varios relatos literarios".

Finalmente, hizo uso de la palabra el presidente del Gobierno Autónomo, Román Rodríguez, que se dirigió a los presentes de la siguiente manera: "Excelentísimas y dignísimas autoridades, señoras y señoras, muy buenas noches.

En primer lugar, quiero agradecer la invitación de esta Casa para compartir este acto tan relevante. No es sencillo ver, a lo largo y ancho de la geografía del Archipiélago, unos premios con más de treinta años de historia. Por lo tanto, estamos ante un acto importante para la sociedad tinerfeña, para la sociedad canaria, porque además actúa sobre dos contenidos que creo que son importantes: el Periodismo, que creo que es también Cultura, y por supuesto la investigación, en este caso la investigación histórica. Y tienen dos nombres estos premios, que son historia en sí mismos, los de don Leoncio Rodríguez, uno de los referentes de la Prensa en la historia de nuestra Comunidad y un personaje notable e indiscutible, diría yo, desde el punto de vista de su capacidad y de su solvencia. Además, tenemos el honor de que nos acompañe esta noche don Antonio Rumeu.

Por lo tanto, creo que es justo reconocer a la Editorial Leoncio Rodríguez el mantenimiento de este premio, porque es un estímulo para los investigadores, para los periodistas, y especialmente para la gente joven, porque una sociedad abierta y madura necesita estos elementos de reconocimiento y estímulo para el trabajo y para seguir progresando y avanzando.

Creo, por tanto, que debemos felicitar todos a los premiados y seguramente a los muchos que participaron en este proceso, porque de ellos depende también nuestro presente y nuestro futuro. De manera muy especial a la gente de esta Casa. A don José Rodríguez; al equipo de hombres y mujeres que conforman Editorial Leoncio Rodríguez para que siga avanzando, no solamente en la Prensa escrita, sino con esas nuevas aplicaciones que están poniendo en marcha en los últimos tiempos y que sabemos que van a conseguir también el reconocimiento y el éxito.

Así que muchísimas gracias a todos y una enhorabuena muy especial a ustedes".