Vivir

Primero la devoción, y después...

El encuentro de los pequeños cristianos con la
Eucaristía lleva aparejado un compromiso social y
económico que el actual cambio de valores hace
primar, en muchas ocasiones, sobre el sentido
religioso de esta celebración.


26/may/02 0:09 AM
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Miles de niños españoles celebrarán durante este mes su Primera Comunión, un rito importante en la religión cristiana que supone la primera participación de los pequeños en la Eucaristía tras un período de acercamiento a la palabra de Cristo a través de la catequesis, por la que símbolos y creencias se afianzan, incorporándose el menor en la comunidad católica. Así es, o así debería ser, en un mundo donde el cambio imprevisto y acelerado de tendencias y valores, unido al consumismo exacerbado y a formas de compromiso social marcadas por la competitividad, llegan a desvirtuar en ocasiones el auténtico sentido de este sacramento, convirtiéndolo en una puesta en escena, un loor al qué dirán que cuesta algo más que mucho dinero, y que termina suponiendo un alejamiento, cuando no el final, de la relación del niño con la Iglesia.

Para desentrañar hasta qué punto la celebración religiosa podría estar quedando sepultada por el "montaje" social que la rodea, EL DÍA sentó en torno a su última mesa de debate a Antonio Gómez, responsable del Departamento de Infancia y Adolescencia de la Delegación de Catequesis de la Diócesis y párroco de San Antonio y Santa Clara; Juan Carlos Díaz, profesor de Religión y catequista en el IES de Añaza; Jesús Toral, en representación de la Federación de Comerciantes de la Provincia (Fedeco) y Galerías Wehbe, e Hilda Croussier, de la Asociación de Amas de Casa Atlántida.

Al propio Antonio Gómez la concepción actual de la Primera Comunión le suena a "gasto, cachondeo, derroche y puesta en escena". Reconoce que el sentido de recogimiento y encuentro con Dios "se está perdiendo", y que el asunto ha entrado en una espiral "que se nos está yendo de las manos, ya que cuesta mucho luchar contra el entorno social que lo rodea". Igualmente mostró su preocupación Juan Carlos Díaz, que indicó que los catequistas y las Parroquias deben aportar "soluciones imaginativas", que impliquen como principal piedra de choque a la familia, dejando a los pequeños en un plano secundario". Con todo, también admite el desbordamiento ante "el peso de la sociedad, y medios como la televisión, que pueden mucho", señaló.

"El mundo se mueve"

Jesús Toral resaltó que el mundo de los valores y las ideas "se está moviendo", y que éste no está reñido con la diversión. Los problemas que rodean a la Primera Comunión, que desde el punto de vista comercial respalda "como opción de libertad", resulta "que forman parte de la pérdida de valores generalizada que vive la sociedad, y ante la que las instancias religiosas deberían tomar parte y hacer autocrítica", ya que el entorno actual ofrece "valores más cómodos y accesibles que los que propone la Iglesia", explicó.

Desde el punto de vista de los consumidores, dice Hilda Croussier, "a la Primera Comunión hay que darle el sentido que tiene como acto religioso y principal en la vida de un niño". Hoy, sin embargo, "los niños parecen competir cada vez más por cuestiones como el traje que han de llevar, lo que a su vez hace competir a los padres". "Colegios e Iglesia deberían poner freno a esta situación", sentencia, añadiendo que debería reducirse la ostentosidad en los regalos que reciben los pequeños y que los presupuestos que efectúan los organismos de consumo para esta fiesta arrojan, cada vez, cifras más elevadas.

Sin entrar en lo personal

Lo que sí parece claro, según se deduce de las palabras del catequista de Secundaria, es que "nadie puede meterse en la vida personal de cada uno, para ver si viven este día cristianamente o no, aunque sí preocupa pensar que, para muchos niños, ésta, cada vez más, supone la primera y última comunión en muchos casos". Un pequeño rifirrafe dialéctico causó la calificación de algunas comuniones como "carnaval de Sissi Emperatriz" por parte de Antonio Gómez, al que replicó Jesús Toral argumentando que la tradición ha marcado que sea las clases altas las que vistan a los niños de esa forma".

El responsable diocesano dijo que "el problema ya ha sido tratado en el Sínodo", matizando que el hecho de que "el niño se vista de fiesta está bien, porque el día lo merece, pero no que se le pretenda dar un vuelco a la situación y se convierta el sacramento en una puesta en escena, ya que no es el pequeño el que pide esos shows que se organizan".