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Quince años de prisión para la mujer de 68 que apuñaló a un amigo en Taco

La sentencia del juicio con jurado contempla el arrebato como atenuante e impone el pago de 72 mil euros a los familiares, al haber sido considerada autora de un delito de asesinato cometido en septiembre de 2000. La autora saldrá de la cárcel cuando cumpla los 70 años.

EL DÍA, S/C de Tenerife
28/may/02 9:38 AM
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EL DÍA, S/C de Tenerife

La Sección Segunda de la Audiencia Provincial tinerfeña ha condenado a una mujer de 68 años, a 15 años de prisión y al pago de una indemnización de 72.121 euros (doce millones de pesetas) al ser considerada autora de un delito de asesinato con la atenuante de arrebato ocurrido en septiembre de 2000, en Taco.

Según consta en la sentencia del juicio con jurado "se declaran probados que, la acusada, sobre las diez de la noche del día 17 de septiembre de 2000, se dirigió en su vehículo, de color rojo, a la Sala Tercera Juventud Nivaria Latina, sita en el lagunero barrio de Taco, donde pensaba que podía encontrar a la víctima, de 59 años, con quien venía manteniendo desde tiempo atrás una relación sentimental, y el cual últimamente la rehuía, al parecer desde que consiguiera que la procesada le prestase 3.005 euros (500 mil pesetas). Una vez en las proximidades de dicha sala de baile estacionó su coche en la calle Aguere, a escasos metros de donde se encontraba el coche de la víctima y se dirigió a dicho local, donde estuvo esperando hasta que, sobre las once de la noche, terminara el baile".

Una vez que salió la víctima de la sala y cuando se disponía a salir con sus acompañantes, la inculpada lo abordó diciéndole que tenían que hablar. En ese momento, la víctima "se dirigió a recoger su vehículo a unos cien metros de la sala de baile, siendo seguido por la acusada. Una vez junto al coche, la acusada le recriminó que le gustaran todas las mujeres, así como que bailase con todas, menos con ella y que la quería dejar, pero no era suficiente hombre para hablar con ella. A lo que aquél le respondió que se calmara, sentándose posteriormente en el asiento delantero izquierdo de su vehículo, haciéndolo a su vez la acusada sobre sus rodillas, con las piernas por fuera del coche y la puerta izquierda de éste abierta, permaneciendo ambos en actitud cariñosa durante varios minutos".

Las dos puñaladas

En el texto legal se recoge a continuación que "momentos más tarde, sobre las once y media de la noche, la acusada, guiada con el ánimo de producirle la muerte, le asestó con un arma blanca de hoja monocortante, a la víctima dos puñaladas - una en el cuello y la otra que le atravesó las pleuras del pulmón izquierdo, el pericardio y el corazón por el ventrículo izquierdo, con una trayectoria de al menos diez centímetros y que le ocasionó la muerte sobre las cuatro horas del día 18 de septiembre".

Tal y como recoge la sentencia "los hechos que declara probados el veredicto del jurado son constitutivos de un delito de asesinato consumado al concurrir los elementos y requisitos como son la relación de la causalidad entre la acción de la acusada y la muerte de su amigo. No ofrece duda alguna de que el hecho de asestar dos puñaladas, utilizando un arma blanca de hoja monocortante, supone medio idóneo para provocar la muerte de la víctima y revela la intención homicida".

En el hecho, según la Sala, concurre la agravante de alevosía, al haber aceptado el Jurado que la acusada al agredir a su amigo lo hizo de forma sorpresiva, encontrándose éste en una situación de indefensión.

En la sentencia se recoge que "los informes forenses demuestran que la sangre en la alfombrilla pertenecía al fallecido en una probabilidad muy alta".

Por otra parte, "que el fallecido no se pudo apuñalar a sí mismo" y que "no tenía heridas de defensa".

Los informes forenses

La procesada manifestó que "en cuanto salió del trabajo, inmediatamente se fue en busca del fallecido a la Sala Nivaria en horas de cierre y cuando manifestó el desprecio de la víctima respecto a ella al requerirle para que le devolviera el dinero prestado y le reprochó que saliera con otras mujeres y una vez que el fallecido le dio un puñetazo reaccionó violentamente".

La Sala consideró que en el hecho delictivo ha concurrido la atenuante de arrebato al considerar el jurado que la procesada "obró por causas o estímulos tan poderoso que le produjeron una conmoción psíquica o estado de ofuscación que le dificultaron controlar sus impulsos".