LOS GUÍA UNA MANO nada invisible y parece que los pare una misma madre inocente que se repite de manera incansable a lo largo de la corta historia humana terrenal. Son los babosos que se adhieren al poder, a cualquier poder, con tal de sobrevivir ellos y tratar de impedir que los que no generan y dejan baba puedan manifestar la dignidad que les caracteriza y que los babosos tanto odian, sobre todo, porque representan la libertad a la que estos indeseable renunciaron desde el preciso instante en que cedieron de forma expresa y voluntaria a la comisión de la injusticia y al imperio de la arbitrariedad. Claro que el titular del poder puede ser un mezquino, un miserable y un pelota baboso que gracias a sus "virtudes" ha llegado a obtenerlo incluso de manera legítima. Pero tengo la impresión de que esta es la excepción. El baboso suele actuar casi siempre en un segundo plano. Repele la luz, la transparencia, la publicidad, el primer plano, pero no en razón de que ello le incomode, sino, más bien, por las consecuencias no favorables que para su actuación podrían desprenderse de ser un personaje demasiado público. Prefiere moverse entre bastidores, actuar casi como si no existiera. Los más osados llegan incluso a creerse que en realidad son ellos los que de verdad ocupan el poder, siendo el titular del mismo un mero elemento decorativo. Craso error, que se suele pagar con la sustitución pura y simple de un baboso engreído por la de un meritorio en cola. En otras ocasiones, empero, el baboso llega a detentar el poder. Baste con recordar al general Franco o a Pinochet, ejemplos de babosa traición contra el poder legítimo al que adularon y luego sojuzgaron. El pelota baboso siempre trata de encontrar un momento idóneo para proponerse como aliado fiel. Suelen ser los momentos de duda, de conflicto de intereses, de cuestionamiento de la actuación del poder. En una esfera de poder tan nimia como la representada por el maestro o profesor, el baboso suele dar sus primeros pasos. Todos conocemos a alguno de nuestra experiencia infantil y juvenil, en la escuela, en el instituto, en la Universidad. Precisamente por ello, frente al aprendiz de baboso, es de agradecer la presencia de esa especie en extinción representada por el estudiante capaz de rebelarse contra las irregularidades o arbitrariedades cometidas por cualquier profesor. Los babosos y babosas que pululan en todas las sociedades con forma humana no son una especie en extinción. Viven del poder, ya sea éste de origen democrático o no, y precisan del mismo para justificar su propia existencia, pues sin el poder se transformarían en seres errantes que irían dejando la estela de una baba sin destino y sin sentido. Pero, por favor, no ponga nunca un baboso en su vida, y si lo hace, procure cambiarlo cuanto antes. Su libertad peligra. (gnunez * ull.es).