NO HAY DUDA DE QUE EL ASTUTO GENERAL Musharraf, presidente paquistaní, está dispuesto a jugar con fuego con tal de obtener ventajas políticas en su pugna con India a propósito de Cachemira: no ha vacilado en desguarnecer su peligrosa frontera con Afganistán para trasladar tropas y equipo al este, el límite con la India.
Pakistán es consciente de su condición de aliado privilegiado de los Estados Unidos en su combate contra el terrorismo y los restos, aún activos y organizados, del régimen talibán y sus socios de Al Qaida y su gesto, que Washington ha encajado mal, es una potente señal en el sentido de que su sacrificio cambiando de bando y corriendo riesgos políticos con el islamismo militante merecen mejor trato.
Es una réplica al visible cambio de actitud de Washington que ha pasado de una equidistancia profesional y de prodigar idénticos consejos de moderación y realismo a las dos partes a regañar en público a los paquistaníes. El presidente Bush ha ido subiendo el tono en los últimos días y el jueves denunció se alineó claramente con las tesis indias al situar como la prioridad el fin de las incursiones en la Cachemira india. "Es la hora de cumplir con los compromisos, de los hechos, no de las palabras", dijo Bush refiriéndose a la promesa paquistaní de atar cortos a los militantes islamistas que desde suelo paquistaní atacan frecuentemente objetivos indios al otro lado de la línea de control.
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