Tenerife

El Archipiélago, las realidades y los cambios diferidos


2/jun/02 12:03 PM
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MIÉRCOLES, 29. Velada institucional, en Las Palmas, con motivo del "Día de Canarias". Acto de gala oficializada, de justos reconocimientos y galardones, de frases moldeadas para la celebración. ¿Por qué no admitir que el discurso del titular del Gobierno Autónomo, en lugar de aturdirse entre los empalagos de un protocolo abstruso o emperifollado, se acercó a los latidos de la ciudadanía isleña de a pie? Con algunos que otros falsetes y amnesias, innegables, pero, esta vez, sí que el vocabulario presidencial fue más inteligible. Menos fosco. Al margen de los contradictorios ecos partidistas suscitados: los muy suyos adulan sus dotes de "orador de escuela castelarina con deje apenitas caribeño" y los adversarios no le exoneran del sambenito de "gritón, alarmista y estridente izquierdoso". Tal vez, ni tanto ni tan calvo...

Román Rodríguez habló de inmigración desmadrada, de inseguridad en las calles y los domicilios, del vertiginoso aumento poblacional, de la apuesta por el desarrollo sostenible, de mayores competencias a ejercer por esta Comunidad Atlántica... de temas clave para el bien común insular. Sin duda.

DEMOCRÁTICAMENTE, la voz más legitimada, hoy por hoy, para recabar nuevas atribuciones a ejercer por nuestro Archipiélago es la del presidente del Ejecutivo. No la del ministro de Administraciones Públicas, que hace dos semanas, tras una reunión con miembros del PP grancanario, dicen que negaba la mayor. Cuidado, señor Posada, con las querencias y los güiros centralizadores.

Distinto asunto sería analizar si las transferencias ya recibidas de los Ministerios se gestionan aquí a carta cabal. En concreto, de qué modo han pasado a los Cabildos y Ayuntamientos todos aquellos cometidos que debieran haber asumido las Corporaciones y que, sin embargo, a estas alturas de "autonomía" aún acaparan las Consejerías. ¿Por qué esos rejos centralistas domésticos, cuando el fundamento del autogobierno no habría de ser otro que el de acercar, lo más posible, los servicios a los contribuyentes y al menor coste?

Tan escandalosos y usurpadores vicios consejeriles no fueron autocriticados por D. Román. Lástima. Ni tampoco las casi inexistentes coordinaciones interadministrativas: de la UE, del Estado, de las Siete Islas; pese a que tal colaboración, precedida de las plenas clarificaciones competenciales, ha de ser punto de partida, urgente e indispensable, con el que plantear y resolver los problemas que agobian a Canarias. Y, junto al Archipiélago, al conjunto del Reino de España y de la Europa Comunitaria.

ES PLAUSIBLE QUE "ISLEÑICEMOS" a las instituciones comunitarias y españolas. Pero a idéntico aplauso han de aspirar las canarias porque respetan las singularidades en el propio solar y corresponden a las del exterior. Están fuera de lugar y de tiempo los "paternalismos subsidiados", como trasuntos de colonizaje. Nuestras Islas han de vivir sin limosneos ni privilegios falsos. Con la decencia y el esfuerzo que les requieren su personalidad y sus circunstancias. Adiós, pues, a los vasallajes, a los medianeros, a los acomplejamientos, a la inmadurez.

De modo y manera que, en el deterioro de la seguridad. En la despendolada afluencia de inmigrantes por aeropuertos, puertos y litorales. En el necesario incremento de los puestos de trabajo, sin contratos basura. En las agresiones al medioambiente y al territorio. En la formación profesional y continuada de nuestros jóvenes. En la seria promoción de la cultura, del justo reparto de la riqueza producida, de la racionalidad demográfica, de las ecuánimes distribuciones inversoras, etc., ¿responde cada una de las Administraciones de la vela clarísima que ostenta y todas actúan, además y al unísono, con la corresponsabilidad, inexcusable, que exigen y merecen los ciudadanos isleños del siglo XXI?

¿O demasiados de los llamados a regirnos botan los recursos en patrocinar escaramuzas, broncas, pavoneos, enconos - con ene - y disensos tribales, denotativos de la común inepcia en atajar cualquier irregularidad o anomalía?

Y PARA CIRCOS "caótico-sardónicos", los de estreno en la fraterna isla de enfrente. Le toca ahorita a la "plataforma del Pino", con amarillentos efluvios sociosanitarios y de los grandes expresos transiberianos. Algunos figurantes, ebrios de "piscos de ron" pirateado, ensayan la copla majara de la "Doble Autonomía", cuando la exprimen u ordeñan "Entera" y en varias Consejerías, parrandeados por quintacolumnistas en Tenerife, siervos ellos de un "regionalismo" de Capitalidad única allí. ¿Qué harían, unos y otros, si los votos mayoritarios de Nivaria les tomaran la palabra, aunque sólo fuera para detener unos desequilibrios que nadie compensa aún y a los que ni citó, tampoco, D. Román?