Vivir

Cuestión de delito, no de creencia

El Archipiélago es un terreno abonado para la
aparición de nuevas religiones. La delimitación entre
lo que son cultos religiosos o sectarios no está clara
y depende, en gran medida, de quién sea el
responsable de poner la "etiqueta" pertinente.


2/jun/02 0:26 AM
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Religiones, iglesias, sectas... en un principio podría parecer que las diferencias entre unas y otras están clara, aunque si se profundiza en el debate sobre la multirreligiosidad nada es simplemente blanco o negro. Para hablar de los cultos religiosos y de las sectas, este periódico sentó en torno a su última mesa de debate a varios expertos sobre el tema, quienes conversaron apasionadamente al respecto: en concreto, Roberto Rodríguez, doctorando de Historia de las Religiones de la Universidad de La Laguna; Eloy Rodríguez, psicólogo y experto en sectas destructivas; José Gregorio González, investigador y periodista, y Alfredo Villanueva, miembro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.

Todos partieron de la base del respeto a las creencias o los dogmas de las distintas confesiones, aunque este punto de partida no implicara, lógicamente, comunión con los métodos de captación o las actividades de algunas de ellas, sobre todo cuando se producen en su seno actividades delictivas.

Éste parece ser el elemento definitivo, por encima de las creencias que pueda tener cualquier persona, para establecer una "demonización" del grupo en cuestión. Básicamente, cuando hay organizaciones que se dedican a actos ilícitos se puede hablar no de secta, sino simplemente de organización criminal.

Roberto Rodríguez rechazó la utilización del término "secta" per sé y explicó que dentro de grupos religiosos puede haber conductas criminales y, por tanto, execrables. "Pero se debe tener cuidado en no generalizar esa idea de que todo lo que nos parece nuevo o reciente, entendiendo por ello lo generado en el último siglo, es merecedor de descrédito". El especialista también alertó sobre las alarmas innecesarias que se crean al hablar de las sectas, muchas veces con poca propiedad, y aseguró que toda sociedad democrática debe ser una sociedad multirreligiosa. Desde el punto de vista académico, indicó, se intenta evitar el término "secta" y se buscan otros alternativos, como "nuevas religiones" o "nuevos movimientos religiosos".

Lo que ocurre, argumentó en otro momento, es que hay muchos grupos que se refugian en lo religioso para intentar lucrarse y lo que existe, dijo, son conductas individuales delictivas.

Precisamente, el establecimiento de fronteras entre religión y secta fue un argumento recurrente en el debate. José Gregorio González indicó al respecto que es muy difícil precisar terminológica y conceptualmente cuándo un culto es religioso o sectario y advirtió sobre los peligros de colocar el cartel de "secta" a un grupo, cuando simplemente hace cosas o actividades diferentes a las que puede realizar el común de los ciudadanos.

Sobre las sectas destructivas, señaló que básicamente y, al margen del daño psicológico o físico que infligen a sus adeptos, buscan el dinero.

Criticó, en cualquier caso, la escasez de medios con que se mueve la Policía para investigar las actividades delictivas de algunos de estos grupos y la falta de información existente a la hora de determinar diferencias entre sectas y sectas destructivas.

El investigador coincidió con Rodríguez en distinguir las conductas individuales de aquellas grupales y señaló que el matiz en todo el debate sobre sectas es muy complicado de realizar, porque un aspecto que hay que tener en cuenta para determinar si algún grupo es sectario es ver quién etiqueta.

Por su lado, Eloy Rodríguez manifestó que las religiones se pueden contar con los dedos de una mano y que otra cosa son lo que denominó sectas destructivas, aquellas que provocan daños psicológicos (vulgarmente, lavado de cerebro), físicos (agresiones y violaciones) y económicos al adepto, al que captan a través de las emociones. Se trata organizaciones que recurren muchas veces a subterfugios psicoterapéuticos o de otra índole para conseguir dinero, el único fin de las sectas destructivas.

Alfredo Villanueva, de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, consideró que mucha gente está confundida sobre las sectas y aseguró que cuando hay alguna corriente que se sale de la doctrina imperante ya se le pone la etiqueta de secta, sin ninguna justificación.

Explicó que en Canarias hay cierta multirreligiosidad y que, en general se es tolerante, aunque recordó varios ataques que ha sufrido una de los centros de culto de esta iglesia, tras relacionar su nombre con el de las sectas. "Hemos estado un poco estigmatizados por esta situación, que es producto fundamentalmente del desconocimiento".