La voz del presidente Buteflika de Argelia ha clamado en el desierto de la desesperación. Las elecciones legislativas a las que concurrían 23 partidos, que más o menos gravitan en la órbita del poder, para someterse al voto de casi 18 millones de ciudadanos no ha servido para nada. El índice de participación ha sido el más bajo desde la independencia. ¿Para qué votar si habrá pucherazo?
"Es cuestión de vida o muerte", dramatizó Buteflika, pero no son muchos los que le han hecho caso. Es que Argelia tiene una metástasis en el poder, la camarilla cívico militar, sobre todo militar, que engorda, se enriquece, se reparte el botín, reprime a voluntad.
"¿Para qué votar, se lamentaba un joven de la Cabilia, a 100 kilómetros al este de Argel, el bastión de la revuelta y el boicot a las urnas, si todo va a seguir igual o peor?". "No queremos una papeleta inútil sino un puesto de trabajo", pedía otro. ¿Cómo reclamar en estas circunstancias "un voto masivo en las legislativas para consolidar la estabilidad institucional?" ¿Qué estabilidad? Aunque la violencia ha bajado por el cansancio del GIA (Grupo Islámico Armado), el principal grupo terrorista-islamista, y las bandas salafistas, el número de muertos en estos diez años de plomo se eleva a 100.000. Quién sabe si a 200.000.
Los argelinos, en una amplia mayoría, no creen una palabra de lo que dice Buteflika. A las pruebas se remiten. Tampoco quieren saber nada de los terroristas. Además, ¿dónde se establece la frontera entre los criminales del islamismo y los del Estado militarizado? Los soldados del gobierno se disfrazan de terroristas, se ponen barbas postizas y abren fuego graneado sobre los simpatizantes de la causa del FIS o los sospechosos de extremismo. Es una guerra larga y cruel. La de independencia de Francia que terminó en 1962 costó más de un millón de muertos.
Pero donde mayor tensión se registró durante el proceso electoral fue en la Cabilia bereber, que pide y pide el reconocimiento cultural, el fin del paro, la mejora de las condiciones sociales. La situación allí se agravó con el asesinato hace poco más de un año de un muchacho en una gendarmería. Los cabileños salieron a la calle y desde entonces la región berebere arde al grito de "¡Poder asesino!". El boicot a las urnas ha funcionado. Es un paisaje de gases lacrimógenos, botellas incendiarias contra las comisarías, neumáticos en fuego, piedras de "intifada". El olor acre de la rebelión contra el poder central represor y corrupto.
Para qué votar por un Parlamento que es la voz de su amo teledirigido desde unas sombras siniestras?
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