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La filosofía de la vida


3/jun/02 21:00
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EL GOBIERNO DE NAVARRA está haciendo ahora una tremenda campaña contra el tabaquismo, teniendo en cuenta la escalofriante cifra de muertos que hay en aquella región entre las voluptuosas volutas del humo del cigarrillo. También en distintas Comunidades se trata de luchar contra el alcohol, representado dignamente por el "Botellón" y habida cuenta de que ya hay niños - doce, trece años - que dejan el biberón para empuñar el gollete del Johnny Walker. "¿Y usted cree que conseguirán algo?", me pregunta una señora. "Lo dudo, le contesto, porque lo de la juventud es ir en contra de la corriente, aunque en el empeño se juegue la vida".

En una revista, y en una recopilación de Francisco Erice, leí la siguiente frase: "El hombre se pasa la primera mitad de la vida arruinando su salud, y la segunda curándose". La frase, que es del escritor italiano Antonio Tabuchi, es una verdad como un templo. Pero a esta afirmación podríamos oponer la sentencia de Don Francisco de Quevedo y que se cita en la misma recopilación, de que "la posesión de la salud es como la de la hacienda, que se goza gastándola, y si no se gasta no se goza".

Bien es verdad que existe, aunque no se crea, una especie de compensación en la naturaleza, y es una máxima admitida, de que todos en la juventud somos incendiarios, y luego, en la vejez, terminamos de bomberos. Las circunstancias de la vida nos hacen cambiar y el ímpetu arrollador de los años mozos, que en cierto modo está basado en la inconsciencia, se vuelve comprensión y serenidad cuando llegamos al ocaso de la vida. La misma naturaleza, al restarnos el vigor físico de que nos había dotado, es la que nos coloca en ese colchón amortiguador que es la edad provecta.

Yo soy de los que creen que la senectud es una edad muy buena, un bello pasar, pero siempre y cuando, como dice Josefina Aldecoa, tenga uno una salud tolerable. Que no es que se pida demasiado, sino que los remos funcionen para ir de un lado a otro y que la cabeza rija por lo menos para hacer el crucigrama. ¿Por qué no admitir que los goces pueden ser intercambiables y que es posible dejar unos y valerse de otros?

En fin, que la filosofía es lo más lógico que hay en la vida, pero ¡qué poco se practica en la ídem!

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