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LA MEDIA COLUMNA FRANCISCO AYALA

Los gobernadores civiles


3/jun/02 21:00
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MI COMPAÑERO y, sin embargo, amigo, que diría Luis Álvarez Cruz, Gilberto Alemán, publicó, hace unos años, un libro sobre los gobernadores civiles de la provincia de Santa Cruz de Tenerife en el régimen anterior. No he tenido ocasión ni siquiera de hojear la tal publicación porque el colega, para soltar un libro suyo - y no sé si prestado - hay que darle con un mazo en el codo. Y como tampoco lo encuentro por esas librerías, pues me perdonará Gilberto si repito algo de lo que él ha contado ya en lo que me propongo relatar. Días pasados traje a esta columna unos recuerdos de cuando se inauguró el nuevo cementerio de Tegueste, allá por los años sesenta y pico, "reinando" en esta provincia Don Juan Pablos Abril. Don Juan Pablos era médico de profesión y político ocasional y se trajo a Tenerife la moda de organizar grandes concentraciones en los pueblos a los que iba a visitar. Anunciaba su llegada y los alcaldes movilizaban a todo el vecindario para recibir al gobernador. Y, generalmente, en una plaza, se reunía todo el pueblo para escuchar a la autoridad civil. A Don Juan Pablos le tocó, por suerte para él y tabarra para quienes tenían que escucharle, el descubrimiento de un yacimiento petrolífero en tierras de Burgos, del que nunca más se supo. Y Don Juan Pablos, en todos sus espiches, que se sabía cuándo empezaban, pero nunca cuándo iban a terminar, sacaba el "Ayoluengo 1", "Ayoluengo 2" y "Ayoluengo 3", que así se llamaban los pozos y que Don Juan Pablos consideraba como un premio de la Providencia al Caudillo.
Un día el gobernador civil anunció una visita al municipio de El Rosario. La reunión vecinal se tenía que celebrar en Las Raíces, en el Monte de La Esperanza, y debía empezar sobre el mediodía. Y el periódico "La Tarde", que salía alrededor de las cuatro, publicó ese día una extensa información de la estancia del gobernador en La Esperanza, incluido discurso de salutación del alcalde y espiche casi completo de Don Juan Pablos, en el que figuraba la encendida mención a los pozos petrolíferos y el buen uso futuro que de los mismos iba a hacer el general Franco. Tampoco se ahorraba en la reseña las aclamaciones al gobernador por parte de los esperanceros y la descripción del escenario de la reunión.
Pero resultó que el gobernador no fue ese día a La Esperanza porque Don Juan Pablos se quedó en el Gobierno Civil aquejado de una gripe. El recurso no es nuevo en la Prensa. Cuando no se puede abarcar todo, y entonces las plantillas de los periódicos eran escasas, se redactan esas crónicas "fantasmas", sobre todo cuanto los protagonistas suelen siempre hacer lo mismo. Sale uno del paso con pocos errores.
Se temió lo peor porque comenzaron a circular las coñas y el gobernador era muy quisquilloso en cosas que consideraba "patrióticas". Pero Don Juan era una buena persona, tenía gran estima a los periodistas y ni siquiera dio importancia al asunto. Al menos, aparentemente. Luego, la cosa salió en la inolvidable "Cárcel de papel" de "La Cordoniz".

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